UNC Wilmington Seahawks

  • Conferencia: Colonial Athletic
  • Localización:
    Wilmington, North Carolina
  • Pabellón: Trask Coliseum
  • Entrenador: Kevin Keatts

Temporada 2016/17

  • Regular Season: 29-15 (15-3 en CAA)
  • CAA Tournament: Campeones ante Charleston

Quinteto: Denzel Ingram, Ambrose Mosley, Chris Flemmings, CJ Bryce, Davontae Cacok

Por Nacho Juan (@NachoJuanRules)

A todo el mundo le gustan los Seahawks. Caen simpáticos, divierten y alegran la vista. Sin embargo, en marzo aspiran a todo lo contrario. Crear temor en un rival que sabe que no trata con una mid-major cualquiera. No esconden sus limitaciones, pero tampoco una identidad asentada y valiente.

La temporada de UNC Wilmington ha estado marcada por la solidez. Tras el aviso de Middle Tennessee State en los primeros compases de curso se pusieron manos a la obra. Se disputaron la Colonial frente a Charleston desde el principio, con un bache como espejismo y las victorias como rutina. Llegaron al torneo como favoritos y cumplieron con las expectativas. Sin brillar pero evitando sorpresas. Primero Delaware, después William & Tribe, y por último, la única alternativa. Los Cougars de Charleston fueron incómodos, pero no pudieron impedir que por segundo año consecutivo los de Kevin Keatts se clasificaran para el Madness.

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Para entender a los Seahawks primero hay que conocer a su entrenador. Además de uno de los entrenadores más prometedores del país, Keatts es discípulo de Pitino. De él ha heredado la exigencia física o la agresividad defensiva, pero el enfoque es totalmente distinto. La presión defensiva es la base de UNC Wilmington: agobian, roban y corren. El ritmo lo marcan desde atrás, apuestan por el riesgo y su máximo sustento son las pérdidas del rival.

Por ello estamos ante uno de los equipos más dinámicos de la NCAA. Son puro nervio, para lo bueno y para lo malo. Aunque el técnico se lleva muchos focos, en la pista el puntal es CJ Bryce. Un alero versátil que hace de todo, pero sobre todo anotar. Sin embargo, el alma del equipo es Chris Flemmings, un walk-on de la Division II que ha pasado a ser la extensión de Keatts en cancha.

La chispa la pone Denzel Ingram, un base con personalidad y descaro, el motor de las transiciones ofensivas de unos Seahawks que parten de su vértigo. El juego a campo abierto es el hábitat natural, pero el salto de calidad este curso ha pasado por la pintura. Ahí aparece Devontae Cacok. El pívot les ha dado una nueva dimensión en ataque. Los centímetros que le faltan los compensa con intensidad, contundencia y eficacia bajo aros. El quinteto titular lo completa Ambrose Mosley, un escolta cumplidor con buena mano que rehúye de los focos del resto.

Aunque han diversificado sus armas, les faltan recursos para tener un ataque equilibrado. Cubren sus carencias con una circulación de balón fluida y una brillante distribución de los tiros. Pero al final, todo depende del compás del partido. Sufren en ritmos lentos y se aferran a los errores del contrario.

Tampoco ayudan sus rotaciones. Cortas y con grietas importantes en la zona. Exigen mucho desgaste físico y en partidos igualados son susceptibles a sufrir ante rivales con más efectivos. En la segunda unidad, dos microondas imprevisibles: Jordon Talley y JaQuel Richmond. Es habitual ver a Keatts optar por el small-ball, aunque más por necesidad que por iniciativa.

A los Seahawks no les faltan carencias, pero tampoco descaro. El mismo que hizo temblar a Duke el año pasado. Ahora quieren más, son diferentes y quieren demostrarlo. Si alguien puede tumbar a un gigante, son ellos.

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