UCLA Bruins

  • Conferencia: PAC-12
  • Localización: Westwood, California
  • Pabellón: Pauley Pavilion
  • Entrenador: Steve Alford

Temporada 2016/17

  • Regular Season: 29-14 (15-3 en PAC-12)
  • PAC-12 Tournament: Derrotados en semifinales ante Arizona

Quinteto: Lonzo Ball, Bryce Alford, Isaac Hamilton, TJ Leaf, Thomas Welsh

De la urgencia a la ilusión, dos palabras: Lonzo Ball. La historia pesa en UCLA, el pasado exige resultados y ha tenido que llegar un freshman para convertir el espectáculo en victorias. Los Bruins no llegan a marzo para divertir, sino para ganar. Y el techo lo marcará él.

Porque todo empieza en su base, en un jugador único. Por creatividad, técnica y liderazgo. Un equipo moldeado a su imagen y semejanza, porque así lo decidió Steve Alford y porque así alcanzaría su máximo rendimiento. No se equivocó. El ataque más vertiginoso del baloncesto universitario se despliega en Westwood.

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Los Bruins han protagonizado uno de los relatos de la temporada. Porque siempre les acompañaron las victorias, pero sobre todo, la forma de conseguirlas. Tras los primeros highlights ya todos estábamos pendientes, y en su primer examen, conquistaron Lexington. Con Kentucky atrás, ya eran candidatos a todo. Desafiaban a los 100 puntos cada noche y cada triunfo parecía una declaración de intenciones.

Tuvo que llegar la PAC-12 para bajarles de la nube. Y más concretamente (cómo no), Oregon. Apenas les dio tiempo a redimirse cuando Arizona apareció para sembrar las dudas. Sean Miller se dedicó a detectar las grietas y ahondar en ellas. Los medios analizaban y todos sacaban la misma conclusión: la defensa. UCLA no consiguió cerrar heridas pero sí ganar experiencia. Más fuertes mentalmente, volvieron a la carga. Unas semanas después ya tenían sus venganzas. Ni Ducks ni Wildcats fueron sometidos a su plan pero sí a su gen competitivo. Volvía la fascinación, el torneo de conferencia a tiro y de nuevo, Sean Miller. Se anticipó a cada paso de Steve Alford y forzó su adiós en semifinales.

La ambición, sin embargo, se mantiene intacta. Y así seguirá mientras Ball dirija el cotarro. Mientras él prende la mecha los demás ponen la pólvora. Empezando por Bryce Alford. Por fin desmarcado de sus labores como director, ha salido su mejor versión como ejecutor. Abre el campo, ofrece apoyos muestra carácter y nunca le tiembla la mano. El mejor escudero posible, si no fuese por TJ Leaf, quien con menos cartel que otros freshmen, ha sido sólido como pocos. Su versatilidad ha pasado de ser complementaria a fundamental, un todoterreno en la anotación y un bastión en los intangibles. Su movilidad es una llave maestra de un sistema que se nutre de los espacios.

La ofensiva nace en el dominio de la transición. Más allá del contraataque, es el posicionamiento. Una máquina de spacing que apenas necesita un suspiro para preparar sus armas. En definitiva, la labor de Alford ha consistido en crear el contexto adecuado para optimizar el talento. Y en ello colabora Isaac Hamilton, un artillero con el que nadie cuenta y siempre aparece. Se adapta a las circunstancias, muestra madurez y sólo asume riendas cuando el encuentro lo requiere.

Cuando no es posible correr ahí está Thomas Welsh. Tal vez le falten carácter y músculo, pero le sobran recursos en la zona. Sobrio, cumplidor y consciente de su rol. Como también lo es Ike Anigbogu. Hoy por hoy más proyecto que realidad, un guardaespaldas que pone la potencia bajo aros y la exigencia sobre los rivales más fuertes. Porque los Bruins cuentan con una segunda unidad limitada, y sin embargo, con uno de los mejores escuderos del país desde el banco. Aaron Holiday es el líder encubierto, el encargado de poner el punto medio entre Ball y Alford y la llave para mantener un compás endiablado.

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La expectación se enfría atrás, y el contexto tampoco ayuda. En el Gran Baile son habituales los ritmos bajos, las batallas defensivas y las peleas en el barro. Porque si quieren llegar a Phoenix, UCLA tendrá que cambiar el traje de luces por el mono de trabajo. Encontrar un equilibrio cuando no sean ellos los que marquen el guión del partido.

Entre el espectáculo y la solidez, ahí deben estar los Bruins. No será por talento, ni por Lonzo Ball.

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