Tocar madera

Por Iker García (@hoopdreams1)

Dicen que saber retirarse a tiempo también es una victoria, pero esto no se puede aplicar en “March Madness” donde sólo se puede ganar compitiendo. Lo demuestran todos los años los equipos que, a priori, no deberían avanzar de ronda y acaban destrozando todas las predicciones y ganándose el título de “Cinderella”.

Durante el torneo de 1975 a John Wooden le faltaban apenas unos meses para cumplir los 65 años. Una edad, más aún hace más de cuatro décadas, en la que los achaques no perdonan. Habiendo ganado su primer título once años antes, en una temporada en la que no conoció la derrota, repetido el título el año siguiente y finalmente encadenado, tras no ganar el título en 1966, siete títulos consecutivos entre 1967-1973 Wooden era ya una leyenda.

Amarga derrota

Su historia es de sobra conocida: Gail Goodrich – Lew Alcindor – Sidney Wicks – Bill Walton, los cuatro jugadores más importantes de los equipos de UCLA Bruins que fueron capaces de ganar 10 títulos en doce años. Tras dos temporadas consecutivas en las que el equipo no cedió ningún encuentro, en el torneo de 1974 el equipo fue derrotado a un paso de la final. Quizá Wooden podía haberse retirado tras ese partido, pero quiso poner la guinda al pastel. Para entender por qué, es necesario explicar lo amargo que fue el trago de la derrota.

La temporada 1973-1974 no fue perfecta, pero 4 derrotas no la convierten en una mala temporada. Sí, tras dos años con un balance de 30-0 supo a poco el 26-4 final (“March Madness” incluido) obtenido ese año pero el equipo era más que competitivo. Tras perder por un punto en enero ante Notre Dame Fighting Irish, la racha de victorias seguidas había quedado en 88; el primer golpe de la temporada, el primer golpe en mucho tiempo. Sin embargo, en ocasiones una derrota así puede considerarse positiva y es que, no hay que olvidar, que el objetivo final siempre son los títulos y no los libros de récords. Sacudida la presión por mantener la racha ganadora, el equipo podía jugar más libre. A la derrota le siguieron 5 victorias seguidas, incluyendo una paliza a Notre Dame como venganza, que sorprendentemente fueron sustituidas por sendas derrotas ante Oregon St. Beavers y Oregon Ducks. A mediados de febrero, con marzo a la vuelta de la esquina, los chicos de Wooden fueron capaces de reponerse con 5 victorias seguidas para llegar al campeonato en buenas condiciones.

Con el balance obtenido el equipo se aseguró entrar al campeonato directamente en la semifinal regional. Dayton Flyers era el primer rival, un rival que no debía presentar muchos problemas ya que el equipo parecía en forma tras la racha de victorias. Pese a esto, y el gran balance obtenido, no se puede olvidar que el equipo tenía dos caras: la del equipo invencible, como en la revancha ante Notre Dame, y la del equipo que perdía la concentración, fallaba tiros y cometía muchas pérdidas, como en la victoria por los pelos ante Maryland Terrapins a comienzos de la temporada. En un partido que tendría que haberse resuelto a las primeras de cambio, salió cruz y el equipo mostró su peor cara siendo necesarias tres prórrogas para lograr la victoria final por 111-100.

Con el miedo metido en el cuerpo, los Bruins se enfrentaron a San Francisco Dons en la final regional, siendo capaces de dar lo mejor de sí y ganar sin discusión por 83-60. Buen momento para ir a la semifinal nacional, pero mal compañero de baile: North Carolina State Wolfpack habían completado una temporada de ensueño, con un balance de 26-1 y no iban a ponerle las cosas fáciles a UCLA. El día del partido una preguntaba flotaba en el aire, ¿qué cara mostraría UCLA? La respuesta es: “c) Todas las anteriores”, pero haberla fallado aquí no descuenta. Para Bill Walton se trata del partido más decepcionante de su carrera y es que pese a realizar una buena primera mitad, el marcador reflejaba un resultado de 35-35. Durante la segunda parte del encuentro UCLA fue capaz de conseguir una ventaja de 5 puntos para dilapidarla antes del 65-65 final. La primera prórroga fue decepcionante y los 2 puntos anotados por cada equipo obligaron a disputar una segunda prórroga. En esta, los Bruins consiguieron una ventaja de 7 puntos que tampoco supieron aprovechar, siendo el marcador final 80-77. Los Wolfpack pusieron fin a la racha de 7 títulos consecutivos de UCLA, se plantaron en la final y encima la ganaron. Una sola derrota en toda la temporada avala el título de N.C. State. ¿Qué equipo les derroto? Esta vez no hay multirrespuesta: UCLA.

No se le puede reprochar a Wooden la gestión de sus equipos, no con ese palmarés y siendo un referente para entrenadores, jugadores y aficionados de todo el mundo. Esto no quita que en la temporada 1973-1974 se le abriesen varios frentes que dieron lugar a la derrota final. El ataque 1-3-1 que tan bien le había funcionado ya era conocido para los rivales. La marcha de los dos Larry (Farmer y Hollyfield) había obligado a Wooden a hacer cambios en su esquema y ni Greg Lee se encontraba como escolta, ni Tommy Curtis era efectivo en sus penetraciones. Las revoluciones en la alineación continuaron, incluyendo en la rotación a Peter Trgovich, el novato Marques Johnson y a Andre McCarter, sustituyendo este a Lee. No le sentó bien el papel de suplente a uno de los mejores amigos de Walton y la química del equipo no era la ideal. Fue la suma de estos factores la que hizo que el equipo, pese a contar con cuatro veteranos como Walton, Curtis, Lee y Wilkes, completase una temporada mucho más irregular que la que da a entender el balance final.

Reconstruir

Wooden tenía una espina clavada y no quería jubilarse sin sacársela, pero no iba a ser fácil. Walton había cambiado la camiseta de los Bruins por el flamante primer puesto del “draft” de la NBA. Wilkes tampoco estaba en el equipo. Tanto Johnson como Richard Washington necesitaban alguna temporada más antes de alcanzar su plenitud. En cuanto a la experiencia, siempre necesaria en cualquier equipo, sólo David Meyers había sido titular la temporada anterior. ¿Sería Wooden capaz una vez más de construir un equipo campeón?

La temporada empezó de la manera más positiva posible, con una racha de 10 victorias seguidas que sólo se vio truncada en la visita a Standford Cardinal de la que salieron derrotados por un estrecho margen de 4 puntos. Dos victorias con autoridad sirvieron para reponerse antes de que volviesen a aparecer los fantasmas del pasado. Notre Dame había caído en su visita a California pero esta vez, jugando en casa, los Fighting Irish derrotaron al equipo de Wooden. Ese frío día de enero de 1975 hizo a florar en el equipo sus peores temores y es que el déjà vu de la temporada anterior era más que evidente.

El equipo continuó la temporada con una racha de 6 victorias consecutivas. Entre estas victorias, quizá con la intención de alejar los malos augurios, destacaron las dos conseguidas ante Oregon St. y las otras dos conseguidas ante Oregon. Con el campeonato a la vuelta de la esquina, el equipo perdió por más de 20 puntos ante Washington Huskies en la última derrota de la temporada antes de encadenar 3 victorias, vengándose de Stanford por más de 30 puntos, para cerrar el 23-3 final.

Con el número de equipos participantes en el torneo aumentado de 25 a 32, UCLA tuvo que empezar a competir desde la primera ronda. Michigan Wolverines era el primer obstáculo a salvar por una plaza en la gran final. Con un balance de 19-7 no parecían una gran amenaza pero liderados por C. J. Kupec, con 28 puntos, fueron capaces de llevar el partido a la prórroga. Contra las cuerdas, pero con mucho que decir todavía, UCLA se repuso para el 103-91 final. El balance 21-7 de Montana Grizzlies tampoco parecía indicar problemas pero, liderados por los 32 puntos de Eric Hays, los de Montana pusieron en aprietos a los Bruins que sólo pudieron llevarse el partido por 3 puntos, 67-64 final y directos a la final regional. Quizá habiendo aprendido de los errores de las dos primeras rondas, quizá verse tan cerca de su objetivo, el partido ante Arizona State Sun Devils no tuvo demasiadas complicaciones y el 89-75 final, en gran medida gracias a los 35 puntos de Johnson, llevó al equipo a la semifinal nacional.

Quiso el destino que la “Final Four” se jugase en California, una gran ventaja para los Bruins al jugar en casa. Antes de viajar al San Diego Sports Arena, lugar de la ronda final, es momento de echar un ligero vistazo a los rivales por el título.

Tres obstáculos

Desde la región “East” llegaba Syracuse Orange, con un balance de la temporada de 20-7. Parece mentira pero Jim Boeheim no era todavía el entrenador, lo sería una temporada después, y Roy Danforth dirigía a los Orangemen. No sin aprietos, por 4 puntos tras una prórroga, habían superado la primera ronda para ganar a North Carolina Tar Heels por dos puntos en la semfinal y regional y, en otra prórroga ante Kansas St. Wildcats lograr el billete a la “Final Four”. Con un balance peor pero un “March Madness” igual de intenso, Syracuse sólo sería rival de UCLA en una hipotética final.

En el camino de Syracuse se interpuso Kentucky Wildcats, directos desde la región “Mideast”. Con un balance de 22-4, superaron sin problemas a Marquette Golden Eagles en la primera ronda, a Oregon St. en segunda y dieron la gran sorpresa en la final regional. Indiana Hoosiers había realizado una temporada perfecta, sin una sola derrota, y era el mayor aspirante al título. El máximo anotador del equipo, Scott May, se había lesionado en la agónica victoria ante Purdue Boilemakers, gran rival de los Hoosiers, pero pese a esto encadenaron 3 victorias seguidas para un balance de 29-0 y 2 victorias más para el puesto en la final regional. Durante la temporada, Kentucky había perdido por 24 puntos, sólo uno menos de los que les anotó May. En la final regional, lesionado y con una escayola en el brazo izquierdo sólo fue capaz de anotar 2 puntos. Pese a esto, el partido no fue fácil para los Wildcats y es que Kent Benson anotó 33 puntos y capturó 23 rebotes. El 92-90 final frenó en seco la gran temporada del mejor equipo entrenado por Bob Knight, según el propio interesado. Esta vez no voló ninguna silla.

Con un balance de 24-2 durante la temporada, la región “Midwest” no supuso mucho problema para Louisville Cardinals. Tras ganar sus tres partidos por más de 15 puntos se plantaron en San Diego como rival de UCLA por un puesto en la final.

Salvado por la campana

El partido fue muy complicado para UCLA, quien tuvo que fiar todo a Washington y sus 26 puntos. Louisville contaba con tres anotadores excelsos: Junior Bridgeman, Ricky Gallon y Phillip Bond, quienes habían finalizado la temporada regular con un acierto del 52 %. En el partido ante los Bruins, el aro se cerró para los chicos de Denny Crum y es que los tres se combinaron para un acierto del 25 %. Pese a esto, los Cardinals pusieron en aprietos a UCLA y a falta de 50 segundos contaban con una ventaja de 4 puntos sobre los locales. Los Bruins fueron capaces de recortar la diferencia y enviar el partido a la prórroga. Con 20 segundos de la prórroga por jugar y el marcador favorable a Louisville por 73-74, Terry Howard acudió a la línea de personal para aumentar la ventaja de los Cardinals. En aquella época los tiros libres eran del tipo “one-and-one”, es decir, anotar el primero permitía lanzar un segundo. Howard había anotado todos sus intentos previos, 28 en toda la temporada. Anotar dos más supondría una ventaja de 3 puntos para Louisville, muy difícil de salvar para UCLA al no existir en aquellos tiempos la línea de 3 puntos. Howard falló el primero y, sobre la bocina, Washington anotó el tiro para el 75-74 final.

Extasiado por la victoria, quizá temiendo por un corazón que ya había dado avisos, John Wooden anunció que se retiraría tras la final. El décimo título no iba a ser fácil, pues Kentucky había arrasado a Syracuse en la semifinal, pero eso ya no importaba. Con un equipo prácticamente nuevo, sobreponiéndose a las derrotas, levantando varios partidos en la prórroga, Wooden y los Bruins se habían quitado la carga arrastrada desde la temporada anterior. Sólo quedaba disfrutar.

En casa, con el público entregado y Washington, quien se fue hasta los 28 puntos, desatado, UCLA venció a Kentucky por 92-85. No deja de ser curioso que el que debería ser el partido más importante del “March Madness”, en la temporada 1974-1975 pasase a la historia en segundo plano. La increíble semifinal ante los Cardinals ocupa un lugar predominante en la mayoría de las crónicas, junto al anuncio de la retirada del legendario John Wooden.

Epílogo

La gran cantidad de títulos obtenidos por Wooden, las eras de Lew Alcindor y Bill Walton o las temporadas invictos hacen que este título no destaque por encima del resto. Sin embargo, fue un título especial. No sólo por ser el que coronó una carrera brillante, sino por la forma de conseguirlo. Más allá del “buzzer-beater” para llegar a la gran final, que no deja de ser circunstancial, o por todos los partidos decididos en la prórroga, se trata de un título diferente por haber sido capaz de reinventarse, de sobreponerse a la marcha de sus estrellas y lograr construir un equipo campeón, otro más. Eso sí, no nos engañemos, ninguno era Alcindor o Walton pero los últimos campeones de Walton no eran moco de pavo precisamente: Meyers fue número 2 del “draft” de 1975, mientras que Washington y Johnson fueron la tercera elección en 1976 y 1977 respectivamente.

No sabremos si de haber ganado el año anterior Wooden se hubiese retirado, lo que sí sabemos es que para resumir su carrera podemos utilizar el número de títulos ganados: diez.

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