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Utah Jazz

Ya es tarde para buscar razones si alguien no ha entendido el crecimiento de los Jazz. Utah vuelve a ser una ciudad de baloncesto que, con paciencia y confianza, ha creado un entorno de desarrollo favorable para jugadores que ya han dejado el cartel de promesas para ser una firme realidad.

Con un bloque maduro y reforzado durante la agencia libre veraniega, los hombres de Quin Snyder han escalado hasta la quinta posición en la tabla del Oeste, mejorando con creces la no participación en los Playoffs del año pasado.

El verano finalizaba con buenas y malas noticias para los Jazz. El draft fue nefasto, ya que las elecciones no convencieron y ni un subcampeón de la NCAA como Marcus Paige pudo encontrar su sitio en el roster final. Sin embargo, las oficinas de Salt Lake City decidieron reforzarse para dar el salto de calidad que se esperaba de un equipo tan interesante como el suyo. La tendencia, tan razonable como peligrosa, fue pescar en el mercado de agentes libres; Joe Johnson, Boris Diaw y George Hill fueron las apuestas.

La veteranía implicó jugar sobre seguro, con el aliciente de la explosión de George Hill. Diaw ejerce a la vez de elemento de rotación y mentor para los jóvenes, mientras Johnson ha sabido actuar de veterano todoterreno y ser el faro de anotación en algunos tramos de temporada. En resumen, un movimiento que les ha catapultado hacia posiciones privilegiadas pero que puede embargar su futuro a medio plazo: el cuidado del relevo generacional es excepcionalmente delicado y se conoce que George Hill difícilmente continuará en la disciplina mormona. Una temporada exitosa que oculta sombras de un futuro no muy lejano, como la renovación de Gordon Hayward.

A diferencia de varios conjuntos que experimentan cambios bruscos tras el trade deadline o el parón para el All-Star, los Utah Jazz no han sufrido ningún efecto positivo o negativo a su paso por el ecuador de la campaña. La competitividad ha sido uno de sus rasgos durante todo el curso y la ejecución de los planes previstos ha rozado la perfección. Las consignas eran claras desde hacía tiempo, ya que Snyder ha marcado el camino a través de su filosofía desde el primer día.

El equipo que juega más lento de toda la liga y una de las defensas más brillantes, al nivel de los Spurs o los Warriors. La falta de brillo y la alta implicación han hecho de los Jazz un rival inesperado, pero temible. Una máquina defensiva bien engrasada que gira alrededor de Rudy Gobert, el mástil de este barco que hasta hace poco parecía navegar sin rumbo. Con el tercer mejor rating defensivo de la liga, Utah ha recuperado el carácter ganador y ha mantenido la estabilidad de los grandes campeones desde finales de octubre.

Solo hay dos pequeñas manchas en su historial, que encontramos primeramente en el arranque de la temporada regular, cuando Gordon Hayward no estaba disponible por problemas físicos y la escuadra no había empezado a rodar. Hayward estuvo fuera durante 6 encuentros y, en general, costó arrancar y encontrar la dinámica positiva, perdiendo 8 de los 15 partidos iniciales. Por otro lado, han concedido derrotas contra equipos muy inferiores que han costado la ventaja de pista en la primera ronda de Playoffs: Kings, Mavs, Wolvers y Knicks –en su peor versión- arrancaron unas victorias muy valiosas que han hecho que los Jazz no estuvieran en la lucha por la tercera plaza de la conferencia.

En el deporte, como en la vida en general, aquello que queda en un casi no existe. El ‘casi’ quiere decir que no se ha dado pese a interpretaciones forzosas que justifican una buena pero insuficiente actuación. Éste es el territorio en el que pueden caer Gobert y compañía.

En su primera aparición en los Playoffs, los Jazz han irrumpido con fuerza: empatados con el cuarto clasificado, las tres derrotas ante los Clippers han sido el motivo por el cual se quedan sin la preciada ventaja de campo. Casi consiguen pasar de no entrar en el torneo a ser cabeza de serie. Pero no, los hombres de Doc Rivers tendrán la comodidad de disputar un encuentro más (en caso de necesitarse) en el Staples ante un conjunto sin experiencia en esta fase, algo importantísimo llegados a estas alturas. Los del noroeste llevan 4 temporadas en blanco y desde el 2010 no alcanzaban las 50 victorias en temporada regular; con dos estrellas jóvenes liderando el juego en ambos lados de la cancha y una falta clara de minutos en Playoffs de un equipo que regresa de sus horas bajas, hay quien piensa que pueden temblarles las piernas.

Los precedentes frente a su actual contrincante, los Clippers, tampoco invitan a pensar en lo mejor. En los 4 encuentros previos, ambos conjuntos llegaban en una situación parecida: con al menos un día de descanso y bajas en los dos bandos. No obstante, los Jazz fueron capaces de vencer a los Clippers con todos sus efectivos pese a la baja de Derrick Favors, mientras que perdieron con la ausencia de Chris Paul. La mala noticia es que los chicos de Doc han sabido adaptarse a las condiciones de juego propuestas por Snyder, con dos triunfos en los que no superaron los 88 puntos a favor.

Llegados a este punto, los veteranos que llegaron durante el verano pueden ser un factor diferencial para las opciones de los Jazz. Las propuestas de partido son muy distintas y quién marque el ritmo de los encuentros tendrá ganado gran parte de la serie, por lo que será necesario el temple y el saber hacer de Hill y Johnson.

Por otro lado, Hayward siempre se ha mostrado como un líder generoso que rehúye las individualidades y que conoce qué debe hacer en cada momento. La responsabilidad de anotar más de 20 puntos por partido puede pesar en él en su primer gran escenario. Que gestione la presión es  imprescindible para dar ritmo de anotación ante un rival con muchísimos recursos ofensivos.

Uno de los focos de atención estará sobre la batería interior con Gobert y Favors, un buen argumento de peso para contrarrestar la temible pintura de los Clippers. El físico y la calidad pueden mantener un duelo equilibrado.

Finalmente, la segunda unidad de los de Snyder deberá estar a la altura. Joe Ingles ha sido una nota dulce capaz de aportar en todos los aspectos del juego, mientras que Johnson volverá a ser fundamental y las aportaciones de Burcs y Exum valdrán su peso en oro.

UTAH JAZZ

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Philadelphia no es la única franquicia con paciencia. En Utah también han tragado con su particular “The process” con la boca cerrada, y finalmente han elaborado un proyecto que a tener en cuenta. Desde que Baron Davis machacara en la cara de una generación que hizo aguas, la ilusión había abandonado las montañas de Salt Lake City para buscar tierras más cálidas. No obstante, los niños ya pueden volver con una sonrisa al Vivint Smart Home Arena porque el hype es real y los nuevos Jazz apuntan alto.

En cierto modo, la 2016/17 ejercerá de vara de medir para una escuadra liderada por Derrick Favors y Gordon Hayward, los mismos nombres que han aguantado la cara de la franquicia durante los dos últimos años. Tras ellos, volvemos a encontrar un conjunto joven con mucho por hacer y demostrar, pero que a partir de finales de octubre deberá demostrar que es algo más que un amor veraniego fugaz; que hay algo más que ilusión en el vestuario.

ABRIENDO CAMINO
En Utah hay voluntad de dar el paso hacia una nueva etapa y dejar de vivir a remolque de lo que pudo ser campaña tras campaña. Sin duda alguna, muchos interrogantes contemplan la proyección de los Jazz, desde el rendimiento de Dante Exum hasta el rol de referente postulado al All Star Game de Hayward, pero desde las oficinas de la franquicia han sido lo suficientemente pacientes como para buscar el primer asalto a los Playoffs.

¿Qué puede cambiar respecto a la temporada 2015/16? Utah Jazz apunta claramente a estar entre las ocho primeras posiciones del Oeste. Tras un año de seria lucha, los Mavs y unos descolgados Rockets terminaron arrebatando la post-temporada a unos Jazz que llegaron tarde al último tren, apeados de las plazas privilegiadas en el último suspiro pese a no tener la mejor de las campañas. No obstante, en la 16/17 Utah aspira a Playoffs de forma clara.

Su fortalecimiento se produce por diferentes motivos. Para empezar, se han añadido nombres contrastados al plantel, figuras con experiencia para diferentes posiciones en la pista que apuntalan lo que hasta ahora había sido una panda de chavales jugando al baloncesto. Joe Johnson, George Hill y Boris Diaw se encargarán de suplir necesidades inmediatas mientras que ejercerán de tutores de otros chicos; se espera que Hill arranque como titular y Johnson también tiene muchas papeletas de entrar en el cinco inicial, mientras que Diaw cumplirá las funciones de mentor para jóvenes como Trey Lyles y de apoyo desde el banco, una pieza con mucha calidad para un rol muy definido; todo un lujo para Utah.

En el otro extremo, la juventud sigue caracterizando al equipo, con cuatro nombres propios a tener en cuenta:

  • Rodney Hood, la mejor noticia de la temporada 2015/16 para Quin Snyder. Sin contar para el backcourt definitivo durante su campaña rookie, Hood impresionó y se ganó la titularidad como sophomore, cuando promedió 14,5 puntos de media por partido y se aferró a la titularidad. Con mantener una línea regular y ser un escape de anotación exterior, su continuidad como figura importante es indiscutible.
  • Dante Exum, que sigue siendo un interrogante para todo el mundo. Sin duda alguna, habrá aprovechado un año en blanco para adaptarse y mejorar algunos aspectos de su juego, pero nadie puede predecir su impacto en las rotaciones.
  • Rudy Gobert ya es uno de los pilares en Utah y uno de los mejores 5 defensivos de la competición. Temporada vital para él, ¿Limitarse a un rol muy definido o seguir creciendo? Veremos cuál es su techo.
  • Trey Lyles ya gustó mucho en su debut rookie, pero necesita más tiempo. Al lado de Diaw podrá aprender mucho y sus características ofrecen a Utah mucha versatilidad en las alineaciones.

El único pero al verano de los Jazz es el draft, en el que no consiguieron adquirir piezas de relevancia que añadir al roster final. En primer lugar, se hicieron con los servicios de Marcus Paige, que llegaba con el cartel de jugador experimentado y contrastado desde North Carolina, pero con un salto muy exigente a la élite profesional. Finalmente, el staff técnico decidió prescindir de Paige, que no encajaba en un backcourt tremendamente poblado.

PRINCIPALES RETOS Y PROBLEMAS
Snyder tiene a muchos hombres a su disposición para montar un backcourt de calidad. Demasiados. Será muy difícil hacer encajar tantos dorsales en tan pocas posiciones sin capar el crecimiento de una plantilla tan joven, pero no hay mal que por bien no venga.

George Hill será el base titular con total seguridad, mientras que Shelvin Mack dejó muy buen sabor de boca como PG de circunstancias el año pasado. Hood y Alec Burks también son fijos para la posición de SG y eso sin tener en cuenta a Hayward, que puede terminar jugando de forward. Además del lío en la posición de “2”, Exum también reclamará sus minutos como base -o guard, o lo que sea, pero es un tipo que merece especial atención-, mientras que Raulzinho Neto tiene pinta de ser el peor parado de todos.

El overbooking abre el debate: ¿Podrían jugar con 4 pequeños? Existe un sinfín de posibilidades con las que jugar y trastear si así lo desea Quin Snyder. El técnico puede alinear a uno de sus múltiples interiores con movilidad con jugadores de perfil mixto para crear auténticas bombas:

Hill-Hood-Hayward-Johnson-Favors
Exum-Burks-Hood-Hayward-Gobert…

Es imposible no emocionarse con el ideal de juego rápido y variado que pueden proponer durante los 48 minutos, pero los Jazz de Snyder no se han caracterizado nunca por ser el equipo eléctrico que estas quinielas proponen. Bajo su mando, han sido el equipo más lento -menor pace, menos posesiones por partido- de la liga durante dos años consecutivos, y han basado gran parte de su éxito en desarrollar una defensa de élite -top7 en rating defensivo y segundo equipo que menos puntos por partido permite-.

Hacer un cambio de mentalidad y mantener una base defensiva estable, fusionar su dureza característica con un backcourt mucho más poblado y ágil y alineaciones que se adaptan a cualquier situación de juego. Un reto con mayúsculas para un equipo en crecimiento y un entrenador que ha sabido ir paso a paso con los suyos. Una oportunidad única de forjar un proyecto muy potente a medio plazo y la ilusión de ver crecer buen baloncesto en Salt Lake City.