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Oklahoma City Thunder

En Oklahoma City les ha tocado vivir una temporada de emociones fuertes, tras la más que sonada marcha de Kevin Durant rumbo a los Golden State Warriors, el conjunto dirigido por Billy Donovan ha tenido que hacer borrón y cuenta nueva encomendándose al brutal físico y afán competitivo de Russell Westbrook para seguir instaurados en la zona de Play Off de la NBA.

Todos esperábamos un Westbrook desatado, liderando y soportando totalmente el peso ofensivo de su equipo y nada más lejos de la realidad, la temporada del atlético base ha sido histórica, Russell ha logrado superar el récord de triples dobles de Oscar Robertson y ser el segundo jugador que promedia un triple doble. Sus números están a la vista y pese a las críticas sobre su actitud defensiva y la ayuda de sus compañeros para recoger rebotes sencillos, no se puede negar la estratosférica temporada de Westbrook, que le coloca como principal favorito junto a James Harden en la carrera por el MVP.

Los Thunders afrontan esta primera ronda con un par de caras relativamente recientes, como son las de Doug McDermott y Taj Gibson. Un movimiento alabado por la gran mayoría de voces cercanas a la NBA y por un precio más que asequible (Morrow, Payne y Lauvergne pusieron rumbo a Chicago). Por lo que por el momento parece un claro acierto de Jim Nylan.

McDermott ha conseguido aportar ese peligro desde el perímetro que tanto necesitaban los de Oklahoma City, pero sus actuaciones han sido cuanto menos irregulares y sus prestaciones han bajado ligeramente respecto a su versión de los Chicago Bulls. Debe conseguir afianzar su peso ofensivo en el equipo y lograr ser una amenaza, su capacidad desde el perímetro junto a la de Abrines es uno de los bienes que más deben buscar.

Por su parte, Gibson es esa clase de jugador que no brilla demasiado pero todo entrenador quiere en su equipo, un ala-pívot que realiza las labores oscuras tan necesarias para un equipo, trabajando en defensa y aportando capacidad reboteadora y consistencia al equipo.

El gran problema de Donovan llega con el banquillo, en un equipo que gira en torno a Westbrook y la ayuda de jugadores como Oladipo o Steven Adams, la segunda unidad de OKC no ha demostrado estar al nivel por el momento, lo que ha provocado que los titulares jueguen una alta cantidad de minutos, algo que podría pasarles factura en Play Off. Abrines, Sabonis, Christon o Jeremi Grant son jugadores con recursos pero no están demostrando estar a la altura de un equipo que quiere competir en Play Off. El jugador que más aporta desde el banquillo es sin duda el bueno de Enes Kanter, ofensivamente es un jugador muy capaz pero su defensa es una losa muy pesada, bajo mi criterio, estamos ante uno de los peores defensores interiores de la liga.

Por otra parte, la temporada de Oladipo ha sido correcta pero discreta, con actuaciones irregulares y sin mostrar una esperada progresión, mientras Adams tampoco ha logrado mostrar ese poderío bajo las tableros y lograr demostrar que su renovación por 25 millones al año era más que justificada.

Junto a ellos, André Roberson será otra de las principales piezas responsables del éxito o fracaso de la franquicia, principalmente en la primera ronda de Play Off contra los Houston Rockets, su defensa sobre James Harden se antoja vital.

Es claro que el equipo de Donovan gira totalmente en torno a la figura de Russell Westbrook, pero jugártelo todo a una sola carta es una opción tremendamente arriesgada en postemporada, más cuando en primera ronda te enfrentas a uno de los equipos más competitivos y con una figura como Harden tan determinante como la de Westbrook. La plantilla es justa, las ayudas desde el banquillo no terminan de funcionar y parece claro que estos Thunder sin el rey del triple-doble serían un equipo bastante alejado de encontrarse entre los ocho mejores de su conferencia.

Por OKC la consigna parece clara, encomendarse a su jugador estrella y tratar de obrar el milagro. Desde luego parece una tarea complicada, pero cuándo un jugador bate los registros históricos de triple-doble y termina promediando esos números, lo último que debemos hacer es subestimarlos y no darles cuanto menos el beneficio de la duda.

Golden State Warriors

Nos tienen mal acostumbrados, lo hacen tan sencillo que ya incluso los récords dejan de ser noticia. Los Golden State Warriors han vuelto a derribar un muro, no uno tan sólido como el del 72-10 superado la temporada pasada, pero alcanzar las 65 victorias por tercera temporada consecutiva es algo al alcance de muy pocos equipos. Un hito que les permitirá tener el factor cancha a favor en unas hipotéticas finales, ya que ningún equipo de la Conferencia Este se acerca si quiera a las 60 victorias, e incluso ante cualquier equipo de la Conferencia Oeste, pese al esfuerzo de unos San Antonio Spurs que impulsados por Kawhi Leonard también han superado esas 60 victorias.

Tras tocar la gloria con el anillo en la temporada 2014-2015, la temporada 2015-2016 puede considerarse una gran decepción. Sí, convertirse en el equipo que más victorias ha logrado en una sola temporada quedará para la historia. Una historia que nos recuerda el lema del equipo que mantuvo el récord durante dos décadas: “72-10 don’t mean a thing without a ring”. Interiorizar estas palabras llevo a los Bulls de Jordan y compañía a poner la guinda al récord con un anillo, algo que no hicieron los de Golden State. Quizá por eso, más que el 73-9, siempre se recordará cómo los Warriors pasaron de ir 3-1 en las series a perder tres partidos seguidos y, por lo tanto, la corona de campeones.

Tras dos grandísimas temporadas, siendo el equipo con más victorias en la temporada regular, no había muchas opciones en el draft. Damian Jones, pívot procedente de Vanderbilt, apenas ha completado una veintena de minutos repartidos en nueve encuentros. Mejor suerte ha tenido Patrick McCaw, escolta llegado desde UNLV, pese a contar con los minutos que no quiere nadie ha servido de refresco al resto de jugadores durante 68 partidos. Con escasas opciones de mejorar la plantilla vía draft, era necesario mirar a otros lados en busca de un revulsivo que hiciese olvidar la derrota sufrida en las finales. Llegados a este punto es hora de plantearse, ¿necesitaba la plantilla un cambio? Quizá era cuestión de replantearse la actitud del equipo, posiblemente viciada tras dos temporadas arrasando, más que los dorsales que lo componían.

Un terremoto veraniego en la bahía de Oakland, en forma de Kevin Durant fichando por el equipo que privó a Oklahoma City Thunder de disputar la gran final, removió los cimientos del equipo de Steve Kerr. Si los de Oklahoma City han reconstruido su equipo encomendándose a un jugador reencarnado en cinco posiciones, Russel Westbrook, en Golden State fueron necesarios unos cuantos cambios más para acomodar a una nueva superestrella.

Si acomodar a una estrella en un equipo ya saturado de ellas no es tarea sencilla, desmontar una gran segunda unidad quizá no sea la mejor opción. Leandro Barbosa, Festus Ezeli, Brandon Rush, Marreese Speights y Anderson Varejao pusieron rumbo a distintos equipos. La disolución de los Warriors B era necesaria, pero estos cambios podrían paliarse con unos nuevos suplentes y aumentado el protagonismo de la segunda unidad. Cambios importantes, sin duda, pero para hacer un hueco a Durant fueron necesarias más salidas: Andrew Bogut y Harrison Barnes. Si bien el pívot australiano comenzaba cada temporada como una incógnita, debido a sus lesiones, era el baluarte interior puro del equipo. La salida de Barnes, entendible por compartir posición con Durant y con un Iguodala que se ha mantenido como sexto hombre, desmontaba parte de la columna vertebral del equipo.

Pese a los temores albergados debido a la importancia de la nueva incorporación, poco hay que resumir de la temporada del equipo: victoria y victoria, su balance final lo deja claro. Dejando de lado algún problema de química, cuando todos quieren tocar bola, el experimento de cuatro estrellas y a jugar small-ball ha salido perfecto. Con grandes anotadores, capaces de reventar el aro desde prácticamente cualquier posición, pero cimentando las victorias desde atrás los Warriors han ido venciendo, en ocasiones humillando, a prácticamente todos los equipos desde el inicio de la temporada regular. Con la incorporación de Zaza Pachulia para cubrir el aro y aportar algo de altura al quinteto, JaVale McGee como recambio de este y David West para apuntalar el fondo de armario, los Warriors completaron una plantilla que basada en cuatro superestrellas y el sexto hombre Iguodala quiere resarcirse de la derrota de la temporada anterior.

Por buscar algunas sombras a una temporada brillante, el equipo ha vuelto a pecar de exceso de confianza en demasiadas ocasiones. Algo que, en manos de Kerr, debería tener arreglo. Además de esto, el peor momento de la temporada llegó el 28 de febrero en forma de lesión de Kevin Durant. Una lesión que obligó a alterar los planes del equipo, dispuesto a fichar a Calderón como base suplente, y fichar a Matt Barnes para reforzar una debilidad posición de alero. Cinco derrotas en un plazo de dos semanas, si contamos la sufrida el día de la lesión de Durant, hicieron saltar todas las alarmas en un equipo que pese a la lesión iba a llegar sobrado a Playoffs, pero que necesitan a su grandísima incorporación para el momento decisivo de la temporada, ese en que el baloncesto deja de ser un juego y se convierte en una competición.

El equipo ha sabido sobreponerse a la lesión manteniendo el núcleo del equipo y utilizando, además de a Barnes, al novato McCaw para repartir parte de los minutos de la posición que ocupaba Durant. La racha de más de una decena de victorias seguidas obtenidas en el tramo final de la temporada indica que el equipo llega con muchísima hambre y que esta vez no piensan dejar escapar el anillo. Si todos los jugadores que sufrieron la derrota ante los Cavaliers tienen motivación más que de sobra para darlo todo en Playoffs, Kevin Durant tiene una motivación más: Oklahoma City. No sentó nada bien su huida en busca del anillo fácil, haciendo suyo eso de “si no puedes con el enemigo únete a él”. Quizá espoleado por las críticas, en temporada regular ha destrozado a su antiguo equipo, ciñéndonos a lo deportivo y no a los desagradables encontronazos en la cancha con los que eran sus compañeros.

La incorporación de Durant ha debilitado el equipo suplente, sí, pero ha elevado aún más el nivel de un quinteto titular de leyenda. Sin él, el equipo es candidato a todo y, si tal y como parece llegará a tiempo para los Playoffs, lo es aún más. Todo lo que no sea llegar a la final será una decepción, incluso no ser campeones puede considerarse decepcionante.

Eliminatoria: Golden State Warriors vs Portland Trail Blazers

En las treintaitrés ediciones de Playoffs con el formato actual, sólo en cinco ocasiones el último clasificado de una Conferencia ha sido capaz de vencer al mejor equipo de dicho Conferencia. Teniendo en cuenta que hay dos Conferencias, lo que supone un total de sesentaiséis encuentros, la sorpresa sólo ha saltado un 7.6 % de las veces. Por si esto fuera poco, Golden State Warriors no llega al 20 % de derrotas en temporada regular mientras  que Portland Trail Blazers llega a Playoffs como el último equipo del salvaje oeste, con un balance más digno de un equipo de la a priori más débil Conferencia Este.

Si parece prácticamente inevitable que los Warriors jueguen la ronda decisiva por el anillo, muy difícil que no se hagan con él, la primera ronda debería ser sólo un trámite para un equipo que, bajo la batuta de Kerr, apenas conoce la derrota. Sin embargo, paso a paso, el mayor peligro para un equipo y quizá el mayor responsable de las pocas derrotas que han sufrido los de Oakland en estas últimas temporadas ha sido el exceso de confianza.

La temporada de los Warriors ha sido una vez más espectacular. No todas las temporadas se puede batir el récord de partidos ganados en un solo curso, pero estar por encima del 80 % de victorias es algo que muy pocos equipos han logrado a lo largo de la historia de la NBA. Además, ¡de qué manera! Pese a las dudas que se podían albergar con la adición de Durant, en forma de alteración de ese frágil equilibrio conocido como química, estas se disiparon enseguida. Las exhibiciones, una temporada más, de Golden State no se han visto alteradas. Bueno sí, con un protagonista más en muchos encuentros y especialmente en los encuentros disputados ante Oklahoma City Thunder y, posiblemente, el mejor jugador a nivel individual de la temporada: Russell Westbrook. Todo eran luces para los Warriors, pero a finales de Febrero Durant dijo adiós, una inoportuna lesión alteraba la estructura del núcleo duro de los Warriors, unos Warriors sin muchos recambios debido a la dificultad salarial de encajar tantas estrellas en un equipo. Por supuesto, las opciones de anillo con Durant en sus filas aumentan muchísimo, pero el equipo ha sabido reinventarse y no resentirse durante la temporada regular, como demuestra el balance final. Por suerte para ellos, parece que el alero llegará a tiempo incluso para la primera ronda.

La otra cara de la moneda son unos Blazers que pintaban muy bien a inicio de temporada y fueron desinflándose. Pese a contar con el siempre omnipresente Damian Lillard como primera espada y bien acompañado por C.J McCollum, esto no era suficiente para competir en la Conferencia Oeste. Los Blazers fueron cayendo poco a poco en la clasificación, de mano también de la lesión de Lillard, hasta que la gerencia consiguió un golpe de efecto al traspasar a Mason Plumlee por Jusuf Nurkiç. La adición del interior bosnio cambió radicalmente al equipo, gracias a sus grandes actuaciones, a lo que se sumó la recuperación de Lillard y los de Portland fueron capaces de dar un acelerón final para colarse en la postemporada. Paradojas del destino adelantando a Denver Nuggets, equipo del que obtuvieron al pívot de Bosnia. Por desgracia, el jugador sufrió una lesión en el tramo final de la temporada y de su recuperación depende totalmente la capacidad del equipo para poder por lo menos molestar a los Warriors.

El enfrentamiento contra el mejor equipo de la temporada regular nunca puede considerarse equilibrado. A simple vista parece que el objetivo de Portland Trail Blazers debe ser evitar ser barridos por los Warriors, quizá arañando algún encuentro en casa. Las esperanzas de Lillard y compañía pasan por recuperar a su pívot, quizá alguna actuación legendaria del base del equipo de Oregón o jugar con la ansiedad de los Warriors por finiquitar la primera ronda lo más rápido posible, en un intento por llegar lo menos cansados a una hipotética Final de la NBA.

Los Warriors no deben afrontar la serie como el trámite que parece, pues muchas de las derrotas sufridas estos años han sido por falta de actitud. Además, el rival cuenta con jugadores capaces de desequilibrar un partido por si solos. Las prisas por intentar acabar la serie lo más rápido posible pueden jugar en contra de un equipo que, pese a posiblemente poder contar con Durant, no debería exprimir a su nueva superestrella recién salido de una lesión.

Si el equipo de Oregón es capaz de herir en algún encuentro a los Warriors las series deberían ponerse interesantes. Si el primer equipo juega sin presión, con la alegría de alcanzar unos Playoffs que veía muy lejos antes del parón del All-Star, y pensando más en la temporada siguiente en la que cuenta con hasta tres picks de primera ronda del draft, el otro equipo implicado tiene la presión de recuperar un anillo perdido la temporada anterior de la peor manera posible: desperdiciando una ventaja de 3-1.

La lógica dice que la serie acabará 4-0. Como anécdota, de esas cinco ocasiones en las que el octavo clasificado eliminó al primero en Playoffs, los Warriors fueron protagonistas de una. Como octavo clasificado, eso sí, seguramente no quieran ser protagonistas esta vez.

GOLDEN STATE WARRIORS

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73-9, el récord de Golde State Warriors durante la pasada temporada regular. 89 %, el porcentaje de victorias en temporada regular. 3-4, una derrota en las Finales que escoció sobre todo después de ir ganando 3-1 y que hace que todos los números anteriores pierdan gran parte de su valor. Obviamente, hasta que llegue otro equipo y logre un mejor balance, los Warriors tendrán el honor de ser el equipo que más victorias consiguió en una temporada regular pero, ¿sirve de algo esto sin un anillo?

La temporada pasada los de Golden State fueron un auténtico rodillo, incluso sin contar con su entrenador durante gran parte del inicio de la temporada. Las buenas sensaciones no empeoraron  a lo largo de la temporada y pronto se empezó a hablar de batir el mítico récord de los, no menos míticos, Bulls de Jordan y compañía. Con un juego a un ritmo vertiginoso y un acierto de otro planeta, parecían un equipo imbatible. Surgieron algunas señales de alarma por el exceso de confianza, pero el resto del mundo se ocupó de acallar aquellas voces tachándolas de haters. El tiempo, los Playoffs, y la falta de respuestas ante Cleveland Cavaliers terminaron por convertir a estos proscritos en visionarios.

De cara a la nueva temporada los Warriors mantienen todas sus piezas más importantes. Han perdido a Barnes sí, rumbo a Dallas gracias a una suculenta oferta. Pese a haber recuperado el gran nivel que mostró en su año de novato, su pérdida era algo cantado. Golden State no podía igualar, ni económicamente ni por minutos, la oferta que hicieron a Barnes los Mavs. El pívot Andrew Bogut, pareja de baile de Green en la zona, y punta defensivo del equipo. Quizá entre Zaza Pachulia, Anderson Varejao y el siempre voluble JaVale McGee puedan suplir esta carencia.

Entre el resto de pérdidas se encuentran Leandro Barbosa, uno de los líderes de la segunda unidad, Festus Ezeli, Brando Rush y Mareese Speights. Como incorporación vía draft se unió Damian Jones, un pívot que probablemente no cuente con muchos minutos.

De entre los movimientos de este verano, el más destacado tiene nombre y apellidos propios: Kevin Durant. El gran jugador de Oklahoma City Thunder, quizá harto de no conseguir el ansiado anillo de campeón, decidió este verano firmar por uno de los mejores equipos de la liga. De esta manera, se ha unido a un roster más propio de la pachanga del All-Star que de un equipo, ha logrado ver su camiseta quemada en Oklahoma, ver resentida su relación con Westbrook y que gran parte de la afición no entienda que haya firmado por el equipo que apeó a los suyo de la lucha por el título, más aun teniendo en cuenta la progresión de los Thunder. Conseguido todo esto… ¿conseguirá también el anillo?

Kerr va a tener una labor complicada ya que, con tantos jugadores de tanta calidad, quizá lo más complicado sea hacer que las piezas encajen. Lo más probable es que Kerr vuelva a apostar por el small-ball, jugar con un quinteto pequeño, pero en esta ocasión tendrá que buscar alternativas para poder hacerse con el título. Con un equipo que a priori debería ir sobrado para llegar a Playoffs como mejor equipo de su Conferencia, quizá los 82 partidos que dura la temporada regular sea un buen momento para hacer pruebas y llegar más preparado, y menos confiado, a las Finales.

Exceptuando a Green e Iggy, jugadores de garra capaces de darlo todo en un partido y sacar lo mejor de sí mismos jugando sin balón, repartir la pelota entre Curry, Thompson y Durant, puede ser un gran problema. Quizá ese sea el mayor enigma de la temporada, ¿cómo se acoplará Durant a un equipo que funcionaba como una máquina perfectamente engrasada? Sólo los partidos podrán dar respuesta a esta pregunta, lo que desde luego está claro es que tendremos que ver una versión de Durant muy distinta a la que nos tenía acostumbrado en los Thunder. La acumulación de estrellas en un equipo siempre necesita un reparto de roles para que funcione.

Quitando esta única duda más que razonable, los Warriors son uno de los equipos que más apetece ver a cualquiera esta temporada. Si ya era un equipo de ensueño, la adición de uno de los mejores jugadores del mundo ha dinamitado la liga y hará que, maldita Conferencia Oeste, mucha gente pierda horas de sueño.

El récord de los Bulls de Jordan duró 20 años, ¿batirán su propio récord los de Golden State sólo un año después de establecerlo?, ¿se dosificarán algo más durante la temporada regular y no darán opciones en Playoffs?, ¿resultará un fracaso la acumulación de estrellas? Si bien nunca se sabe, esta última opción parece la menos viable de todas.

Teniendo en cuenta el nivel mostrado la pasada temporada y los cambios que ha sufrido la plantilla, una vez más e objetivo mínimo de los Warriors debe ser jugar la Final de la NBA. Todo lo que sea caer en una ronda previa podría considerarse un fracaso.

OKLAHOMA CITY THUNDER

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No queda otra que admitir que los Oklahoma City Thunder son uno de los grandes perdedores del pasado verano. Es inevitable, perder a todo un MVP y uno de los mejores anotadores que hayamos visto como es Kevin Durant es lo que tiene. Pero eso, unido a la posibilidad de ver a un Russell Westbrook ‘desatado’, convierten a estos Thunder también en uno de los equipos más interesantes de ver de cara a la nueva temporada.

La campaña anterior comenzó con el equipo de Billy Donovan tratando de quitarse la espina de una 2014-15 en la que las lesiones los masacraron hasta el punto de quedarse fuera de los Playoffs. Con Kevin Durant plenamente recuperado y el impacto ofensivo de Enes Kanter desde el el primer partido, los Thunder volvieron a ser ese equipo que ya conocíamos. Con ciertos problemas en los momentos decisivos de partidos igualados debido al estancamiento de balón, pero compensados con una calidad superior de sus dos estrellas que hacían que volvieran a aspirar a todo. Ni un par de derrotas contra los Warriors en partidos que parecía que tenían controlados empañaron una gran temporada regular que terminaron con 55 victorias y en tercer puesto del Oeste.

Pero en Oklahoma City ya habían tenido éxito en anteriores temporadas regulares, y sabían que de nada servía si en Playoffs no estaban a la altura. Esta vez sí, llegaron a la post-temporada sanos y en su mejor momento. Salvo un leve susto perdiendo el segundo partido de la serie, se deshicieron con superioridad de los Dallas Mavericks en primera ronda, en segunda pusieron punto y final a la carrera de Tim Duncan ganando de forma convincente a los San Antonio Spurs, y se encontraron con los todopoderosos Golden State Warriors en la Final de Conferencia.

Contra todo pronóstico, y reconociendo la influencia de la lesión de Stephen Curry, los Thunder se colocaron 3-1 y a un paso de la Final de la NBA. Fue entonces cuando Curry y los Warriors despertaron y remontaron la serie, dejando en Oklahoma City y en el resto de la liga la duda de si ese resultado llevaría a Kevin Durant a plantearse su salida en verano, o si haber estado tan cerca de eliminar a los Warriors le convencería de quedarse en los Thunder para seguir intentándolo.

No hubo que esperar mucho para saber su decisión. Los Golden State Warriors no solo dejaron a los Thunder sin la posibilidad de luchar por el anillo en 2016, también les arrebataron su gran estrella. Ni siquiera el traspaso de Serge Ibaka por Victor Oladipo y Domantas Sabonis sirvió para convencer a Durant. Russell Westbrook se quedaba ‘solo’.

Y es un ‘solo’ entre comillas, porque los Thunder tienen más talento que el de Westbrook en las figuras de Oladipo, Kanter o un Steven Adams que el año pasado dio un gran paso adelante, pero todas sus aspiraciones van a estar en las manos de Russell. Cuando Durant se lesionó hace dos temporadas, su porcentaje de uso llegó a un 38,4% de las posesiones de su equipo, una cifra que se encuentra entre las más altas de la historia. En total sumó 31 doble dobles y 11 triple dobles. Podemos imaginarnos que su nivel de uso volverá por aquellos fueros.

El problema para Donovan llegará cuando Westbrook tenga que descansar, porque, aunque no lo parezca, en realidad es humano y no jugará 48 minutos (o al menos no todas las noches). Más teniendo en cuenta que el sophomore Cameron Payne se perderá el comienzo de la temporada por una lesión, y que su recambio principal parece ser Ronnie Price. El año pasado el entrenador cambió su patrón de sustituciones para que siempre estuviera en pista Durant o Westbrook. Este año habrá que estar atentos a los parciales que encajen cuando el base esté en el banquillo.

El hueco que deja Durant no lo puede cubrir solo Westbrook, obviamente. Ese 30% de posesiones que protagonizaba el alero  el año pasado tendrá que repartirse entre Oladipo, Kanter, Adams  y Ersan Ilyasova también (veremos si Domantas Sabonis está preparado para ello también). Especialmente al primero se le exigirá creación de juego para liberar a Westbrook, y Kanter tendrá que seguir siendo uno de los mejores interiores ofensivos de la liga para compensar que siga siendo también uno de los peores defensores de la liga.

Pero si hay un aspecto que será clave a la hora de que los Thunder sumen victorias, será su capacidad para dominar a sus rivales en el rebote. En la 2015-16, y con Kanter, Adams y el traspasado Ibaka como principales artífices en este sentido, Oklahoma City fue la mejor franquicia de la liga castigando el rebote ofensivo, capturando un 31,1% de los rechaces que se producían en el aro rival. Es decir, casi una de cada tres veces en la que los Thunder fallaban una canasta, tenían una segunda oportunidad.

Para que Westbrook pueda operar con mayor comodidad, los exteriores tendrán que afinar la puntería desde la línea de tres puntos. El año pasado los Thunder firmaron el 17º mejor porcentaje de acierto en triples, y seguramente echarán de menos la amenaza que suponía Durant desde cualquier parte de la pista. Andre Roberson es un excelente defensor, pero su lanzamiento exterior (31,1%) aún no ofrece garantías, y mucho menos lo hace el de Kyle Singler. En el lado opuesto está Anthony Morrow, un excelente francotirador (42,5% en su carrera) pero pésimo defensor, lo que lo convierte en muy mala pareja con Kanter cuando ambos se encuentran en pista. Si Alex Abrines es capaz de aportar un punto de equilibrio entre defensa y acierto exterior, podría contar con minutos.

Medir cuál es el techo de los Oklahoma City Thunder en el año 1 D.D. (después de Durant) es muy complicado a estas alturas, y dependerá de todo lo mencionado anteriormente. Durant no jugó apenas en la temporada 14-15 y los Thunder se quedaron fuera de Playoffs, pero en esta ocasión han tenido tiempo para prepararse para su ausencia.

Lo que sí que está clara es una cosa: yo al menos no me pienso perder cada partido de Russell Westbrook, y las fechas de los Thunder vs Warriors ya están bien marcadas en el calendario.