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San Antonio Spurs

Cuarta vez en las últimas siete temporadas que los Spurs llegan a 60 victorias. Un dato tremendo. Siete temporadas en las que se vivieron los mejores momentos de la carrera de Tony Parker, la decadencia de Manu Ginobili, el renacimiento y posterior retirada de Tim Duncan, la ascensión de Kawhi Leonard o la adquisición de LaMarcus Aldridge, suficientes cambios como para que no hubiese sido fácil seguir con este nivel competitivo, pero si alguien puede mantener ese nivel, esos son los Spurs de Gregg Popovich.

Verano ‘calentito’ en San Antonio, con las firmas de Pau Gasol y de David Lee y una retirada, la de Tim Duncan, que sin duda deja en el equipo un tremendo vacío difícil de llenar y con el interrogante de saber si el equipo respondería a tal cambio.

4 victorias, seguidas de 3 derrotas (dos en casa contra Clippers y Rockets) en los siguientes 4 partidos, seguían manteniendo ese interrogante, aunque no tardaría en resolverse, con los Spurs perdiendo solamente tres partidos más hasta final de año, dejando un balance de 27-6 para empezar 2017.

Pero no todo es sumar triunfos, y es que en San Antonio, a pesar de mirar el horizonte con hambre de otro título, no olvidan su pasado ni quien dio tanta alegría a su afición. El 18 de diciembre de 2016, previo al partido contra los New Orleans Pelicans, la franquicia puseo en lo alto del AT&T Center el dorsal 21del que sin duda ha sido el mejor jugador de su historia, Tim Duncan.

Llegó 2017 y nada cambió. Las victorias siguieron llegando en enero y las pocas derrotas eran en partidos muy disputados. A pesar de eso, Gregg Popovich quiso evitar todo tipo de relajación por parte de los suyos, haciendo unas declaraciones bastante críticas a sus jugadores, dejando claro que el segundo puesto no era donde los San Antonio Spurs querían estar.

Antes del All Star, y a pesar de una lesión (fractura en la mano) de Pau Gasol que le mantuvo fuera de las canchas 15 partidos, el equipo contaba con un balance de 43-13, al acecho del 47-9 que en esos momentos tenían los Warriors. El buen momento del equipo permitió a Kawhi Leonard ser seleccionado como titular para el partido de las estrellas. Kawhi ejerce de líder de un equipo que cuenta con Parker, Ginobili, Gasol o Aldridge. En 4 temporadas, ha pasado de promediar 12,8 a 25,5 puntos. Galardonado con el premio al “mejor defensor de la temporada” en los dos últimos años o integrante del mejor quinteto de la pasada temporada, no fue ninguna sorpresa verlo en el quinteto titular del equipo del oeste.

En la segunda parte de la temporada, ya otra vez con Pau disponible, el equipo mantuvo el nivel encadenando rachas de victorias por alguna derrota suelta sin importancia, exceptuando tal vez la sufrida en casa ante los que probablemente sean sus enemigos en la lucha por el campeonato de la conferencia oeste, los Golden State Warriors, que además no contaban con Kevin Durant. A pesar de un gran primer cuarto de los locales, los Warriors no bajaron la cabeza y remontaron hasta poner el 110 a 98 final, en un partido en el que el equipo de Steve Kerr demostró un gran acierto de cara al aro.

Con todo decidido a falta de varias jornadas, los Spurs encadenaron 4 derrotas en los últimos 5 partidos, lo que les dejó con un balance final de 61 victorias y 21 derrotas, segundos de toda la liga solo por detrás de los Warriors, como ya ocurriera la pasada temporada.

Un balance final muy positivo teniendo en cuenta que Popovich dio bastante descanso a sus tres veteranos. Tanto Pau Gasol como Tony Parker jugaron 25 minutos de media, mientras que Manu Ginobili no promedió ni 19. Para el pívot español es la primera vez en toda su carrera NBA que no llega a los 30 minutos de media, mientras que el base francés ya lleva unas temporadas viendo como sus minutos se ven reducidos para llegar más fresco a la lucha por el título.

El mayor de los Gasol, además, ha conseguido pasar los 20.000 puntos en su carrera, el 43º jugador en alcanzar tal hito, así como el cuarto en la historia en conseguir al menos 20.000 puntos, 10.000 rebotes, 3.500 asistencias y 1.500 tapones (tras Kareem Abdul-Jabbar, Kevin Garnett y Tim Duncan).

A pesar de esa rotación muy amplia de los Spurs (12 jugadores han superado los 10 minutos de media en los encuentros que han jugado), Kawhi Leonard junto como LaMarcus Aldridge han sido los más utilizados.

En primera ronda se enfrentarán a los Memphis Grizzlies, contra los que ya jugaron la primera ronda de playoffs la pasada temporada barriéndoles en 4 partidos, en un resultado sin duda ficticio contando con las lesiones de Marc Gasol y Mike Conley en toda esa serie. Ahora, con todos sus jugadores disponibles, podrán intentar alargar una serie que aun así parece favorable a San Antonio. Por primera vez, los dos Gasol se medirán en la lucha por el título.

Tras Memphis, y a la espera de llegar a una hipotética final de conferencia contra los Warriors, se verían las caras contra el ganador en el duelo Houston vs OKC, o lo que es lo mismo, Harden contra Westbrook.

El año pasado se dieron el batacazo contra los Thunder, aunque en esos momentos contaban con Kevin Durant. Ahora, con KD en Golden State, parece difícil pensar en una final de conferencia que no sea entre ambos. Pero para llegar ahí, ambos tienen que superar dos rondas, y si uno se queda por el camino, el otro lo tendrá un poco más fácil.

 

SAN ANTONIO SPURS

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Los análisis se llenarán de alusiones al año 0 después de Duncan, es inevitable. Manido tópico para intentar acercarnos a reflejar la influencia de una persona en un determinado contexto. Originales, hasta cierto punto, si no fuera porque la misma idea es aplicable a Kobe Bryant y tantos otros precedentes.

La realidad es que Tim Duncan se fue como llegó y jugó: sin dar un ruido. Más bien, sin articular palabra. Porque su presencia sí que armaba gran estruendo cuando vestía su uniforme de corto.

Su cuerpo había iniciado un retroceso alarmante durante la última temporada, después de haber rayado lo divino en los últimos años. Su milimétrico cuidado del físico, la dieta, la protección de Popovich en el juego… Alargaron su carrera no solo por encima de lo habitual, sino a un nivel y estado de forma inconcebibles.

Pero la última temporada se vio superado y, por primera vez, incapaz de ayudar al equipo. Especialmente en la serie de Playoffs contra Oklahoma City. Duncan actuó de forma consecuente a sus parcas palabras: “El día que sienta que no puedo ayudar al equipo, me iré”. Cumplió.

Los Spurs no quedan huérfanos, aunque no volver a ver con su camiseta al mejor jugador de su historia nos llene de congoja a propios y extraños. Gregg Popovich mantuvo su compromiso para fichar a LaMarcus Aldridge en 2015. Bajo su ala y la de R.C. Buford – General Manager – el porvenir está asegurado. Cambian las caras, los nombres, el estilo… Pero la filosofía y las raíces culturales no desaparecen.

La temporada pasada aguantaron el tirón de los Warriors, oficialmente el equipo con más victorias en Regular Season de la historia, desplegando un nivel envidiable. El duelo de titanes con Golden State y Cleveland deparó duelos para el recuerdo. Pero algo en San Antonio no terminaba de encajar. El físico de Duncan no aguantaba igual. El motor de Tony Parker gripa desde la temporada 14-15. Y la segunda unidad no aportaba como antaño.

El resultado: un señor repaso de Oklahoma City en segunda ronda de Playoffs. Nadie lograba defender a Westbrook, Durant sobrepasando a Kawhi, Steven Adams pletórico de forma junto a Enes Kanter, que incluso defendió, contagiado por la actitud del neozelandés. Andre Roberson llegando a todos los balones… Los Spurs fueron un juguete en manos de los Thunder, que explotaron cada mínima grieta en su sistema hasta desmembrarles.

Popovich y Buford son conscientes de las limitaciones y este año ofrecerán cambios tácticos que, por enésima vez, reconstruirán el modelo de los Spurs. Porque esa es la auténtica clave de su éxito: reinventarse sin miedo, respetando la base de su cultura.

Los Spurs pierden esta temporada a casi todo su juego interior: Duncan (retirado), Diaw (traspasado a Utah), David West (agente libre rumbo a Warriors) y Boban Marjanovic (agente libre restringido, rumbo a Pistons). Asimismo, Matt Bonner, otro ilustre ‘spur’ que iba a firmar su retirada e incorporarse al staff, ha decidido intentar una última temporada en la NBA, aunque se desconoce si en las filas de San Antonio.

A cambio llegan jugadores veteranos y con menos empaque defensivo, pero que aseguran respetar los fundamentos de Popovich. David Lee en busca de sí mismo, Davis Bertans como triplista procedente de Baskonia, Dwayne Dedmon y, el fichaje estrella, Pau Gasol.

Ya intentaron traer los Spurs a Gasol el año que se marchó a los Bulls, pero su oferta fue insuficiente. Una historia que parecía destinada a encontrarse. Aunque el español tendrá que jugar muchos minutos como cinco, dejando espacio a Aldridge como ala-pívot, su posición predilecta. Preocupa la defensa, pero crece a raudales el talento y las opciones ofensivas. No hay un protector de aro consistente, por lo que los sistemas deberán cubrir lo que antaño ofrecían Diaw y Splitter.

Lo dicho: una vez más, Popovich renovará su sistema.

Kawhi Leonard deberá llevar aún más peso sobre sus hombros, al igual que Aldridge. Ambos tienen definitivamente el testigo del equipo y ganarán más protagonismo. La alternancia de Leonard como cuatro para formar un small-ball será recurrente en San Antonio, más aún que sus interiores son versátiles y más pequeños, además de tener mejor tiro y jugar más abiertos.

Su rol no solo aumentará, sino que adoptará funciones diferentes. Todo ello mientras lucha por su tercer galardón consecutivo como Mejor Defensor del Año. Abrir el campo permitirá a Aldridge mayor actividad en la media distancia, su zona letal. Ahí la pareja con Gasol, uno de los hombres grandes que mejor visión de juego tienen, será uno de los recursos que más use Pops.

Por otro lado, los exteriores apenas presentan caras nuevas. Manu Ginóbili, en su blog personal, volvió a escribir un artículo para anunciar que continuaría un año más. El argentino se siente en mejor forma física que en años pretéritos y renovará año a año, en función de su cuerpo.

Danny Green seguirá siendo el escolta titular y Parker y Mills la pareja de bases. Se suma Livio Jean-Charles, drafteado en 2013, que se fogueará en los Austin Spurs de la D-League junto a Davis Bertans. Ambos tienen difícil ganar protagonismo, ya que el puesto de alero suplente se lo repartirán entre Jonathon Simmons y, sobre todo, Kyle Anderson.

Es el tercer año de Anderson en San Antonio. Justo cuando los pupilos de Popovich amenazan con eclosionar saliendo del cascarón. Se espera un protagonismo mucho mayor de Anderson después de dos años de aprendizaje. De su mano puede llegar el factor diferencial que aúpe a los Spurs a ese peldaño extra necesario para rivalizar con Cavaliers y Warriors de nuevo. Ese arma extra que de mayor profundidad a la rotación.

Finalmente, otros dos rookies lucharán por el puesto de tercer base: DeJounte Murray (puesto 29 del Draft de 2016) y Ryan Arcidiacono (undrafted, contrato parcialmente garantizado). Ambos ganarán minutos en la D-League. Especialmente Arcidiacono, alma máter de la campeona NCAA Villanova. Uno de esos proyectos de San Antonio que acostumbran a madurar en la sombra.

Los Spurs han ido quemando etapas sin abandonar la inercia ganadora. Llevan 20 años otorgando lecciones al mundo, desarrollando una cultura y una filosofía que extienden como si fueran raíces al resto de franquicias NBA. Porque no solo de jugadores se nutren, sino que San Antonio es un caladero de ejecutivos y entrenadores al que acudir en masa. La Silicon Valley de la NBA.

Duncan se va. Lo harán Ginóbili, Parker, Popovich, Buford… Como antes lo hicieran Malik Rose, Bruce Bowen, David Robinson, Avery Johnson… Pero su existencia perdura intacta.

“La culpa pesa un kilo más para el que parte”, que cantaba Leiva. Para Duncan, había llegado el momento. Pero ver desde la barrera a su equipo, sus compañeros, amigos, familia… Tendrá una punzada de nostalgia mayor que para quienes siguen con su vida en las canchas, vestidos de corto o llenando el pabellón y los televisores con los colores de San Antonio.

San Antonio Spurs

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La derrota con los Clippers en primera ronda escoció a Popovich tanto o más que si le hubieran echado vinagre en una herida abierta. Tanto él como Buford emplearon la temporada regular en detectar las disfuncionalidades de su equipo. De forma que en julio, con el pistoletazo de salida al mercado de agentes libres, ya tenían preparados sus dardos teledirigidos de precisión milimétrica.

Tras renovar a Leonard, Duncan y Green – luego llegaría Ginóbili – llegó el movimiento estrella: Aldridge. Popovich, con la inestimable ayuda de su asistente y ex compañero de LaMarcus en Portland Ime Udoka, convenció al ala-pívot de ponerse bajo sus órdenes. Su decisión de continuar varias temporadas más para entrenarle a él y Kawhi fue determinante. La llegada de David West apuntalaba la rotación interior, mientras que Jonathon Simmons y Boban Marjanovic lucharían (con éxito) por ganarse los minutos en la rotación.

La primera parte de la temporada para San Antonio era la prueba de fuego. Había que adaptar nuevos sistemas, incorporar una pieza clave como Aldridge, volver a cargar el juego hacia el interior y tapar las carencias que dejaba la marcha de Splitter como rim protector. Pero en los Spurs la vida discurre con soberana calma. Y Popovich fue encajando engranajes sobre la marcha. Ajustando tuercas, desaflojando algún tornillo para que su estructura respirase, apuntalando algún clavo… Hasta llegar al parón del All Star convertido en el archienemigo mortal de los inmaculados Warriors.

Kawhi Leonard debutó en el All Star siendo además titular, superando en el último suspiro a Dray Green. Su salto evolutivo, convertido ya en primera opción ofensiva y, a la vez, stopper defensivo principal, ha llevado a San Antonio a otra dimensión. Durante meses se autoproclamó MVP (terrenal, es decir, Curry al margen) por excelencia. Pero tanto su temporada como la de su equipo han quedado en parte eclipsadas por la carrera contra la historia que Golden State ha librado.

Tras el parón del All Star el nivel de San Antonio no ha dejado de aumentar. Como es habitual en los equipos de Pops, por otra parte. Así hasta llegar al tramo clave de la temporada en plena forma y con sus jugadores frescos. No es casualidad que los Spurs son considerados unánimemente el único equipo capaz de batir a los monstruosos Warriors en una serie de Playoffs. Porque los texanos han firmado uno de los mejores balances de la historia en temporada regular, aunque lejos del de los propios Warriors y del mítico 72-10 de los Bulls de Jordan. Un choque de fuerzas coetáneas en el tiempo como nunca antes se había visto en la NBA. Su enfrentamiento en marzo deparó el partido entre los dos equipos con mayor porcentaje de victorias de la historia.

Batman contra Superman. El Caballero Oscuro contra el Guerrero de la Luz. Ahora que la película les ha vuelto a poner de moda… Porque hasta los colores de sus uniformes les delatan. La sobriedad hecha virtud contra los alardes inverosímiles que rayan lo imposible. Un hombre con capa y máscara intentando desafiar a un semi Dios que todo lo puede, con el mundo rendido a sus manos. La historia dice que los grandes proyectos de Buford y Popovich nunca han ganado el anillo en su primera temporada. Que es a partir del segundo año cuando alcanzan su máximo potencial y tocan la gloria. Pero si éste no es su tope, resulta inimaginable qué nos quedará aún por ver. Llegan a los Playoffs en plena forma, reforzados y dando días de descanso a sus jugadores clave. Su segundo puesto está asegurado y su equipo carbura. La misión no era sino evitar lesiones innecesarias o un exceso de minutos en las piernas. Y tampoco hay detalles que pulir. Todo el engranaje está asimilado a base de mecanización industrial.

El baloncesto de los Spurs mantiene los mismos fundamentos de siempre. Mover el balón, buscar al hombre con mejor tiro, aprovechar los espacios, defender fuerte y, en resumen, alcanzar ese difícil estado llamado equipo. Han realizado una reconstrucción desde su base, sin alterar los cimientos, para elevar su juego a la enésima potencia. Más armas. Más temibles. Más hambre. Mismas ideas. El equipo ha cambiado y el estilo, aunque respete esos principios básicos sobre los que Popovich edifica, se ha modificado acorde a las nuevas prestaciones de su nuevo juguete. Un tanque sin fisuras capaz de adaptarse a cualquier sistema. A cualquier ritmo. De encontrar recambios para sus averías cuando una pieza se atasca.

Porque por si no eran suficientemente poderosos, se fueron de pesca a Minnesota para firmar al Profesor André Miller y a un anotador revulsivo como Kevin Martin. Ambos por el mínimo de veterano tras acordar su desvinculación de los Wolves. Para no perder comba en su particular carrera armamentística con los Warriors. Armados hasta los dientes antes de la batalla final. La cruzada entre dos equipos de leyenda. Unas Finales de Conferencia casi pronosticadas. Un solo ganador de la serie al que se le ve como campeón de las Finales reales, que por una vez quedan relegadas a un segundo plano.

Es el camino hacia la excelencia, en el que solo un nombre tiene cabida. San Antonio no se detuvo cuando la alcanzó en 2014, desplegando el baloncesto más preciosista jamás jugando. Haciendo caso de un viejo proverbio japonés, “cuando llegues a la cima de una montaña, sigue subiendo”.