Princeton Tigers

  • Conferencia: Ivy LeagueResultado de imagen de princeton tigers basketball
  • Localización: Princeton, New Jersey
  • Pabellón: Jadwin Gymnasium
  • Entrenador: Mitch Henderson

Temporada 2016/17

  • Regular season: 23-6 (16-0 en la Ivy League)
  • Ivy League Tournament: Campeones ante Yale

Por Nacho Juan (@NachoJuanRules)

La magia del Madness también está en los contrastes. En esa pluralidad de identidades, hay pocos clásicos mayores que el del equipo de los empollones. Sin embargo, los prejuicios han ido desapareciendo conforme los upsets se han hecho más comunes. Si el año pasado fue Yale, éste puede ser Princeton.

Los Tigers tienen argumentos, empezando por una de las temporadas más brillantes entre los mid-majors. Por resultados y sensaciones. Sobre todo la de dominio en una Ivy League donde no conocieron la derrota. Sin embargo, hay que ir más allá de los números. Empezando por la fortaleza mental de un grupo que ha crecido desde la adversidad. A mediados de diciembre, se quedaron sin su estrella, Henry Caruso, para el resto del curso, y unos días después, sin Hans Brase.

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Los chicos de Mitch Henderson hicieron de las circunstancias una oportunidad. Se curtieron en un complicado calendario non-conference, se adaptaron a sus nuevos roles y se prepararon para una de las rachas más brillantes del baloncesto universitario. Tanto fue así, que el 21 de diciembre ante Monmouth los Tigers caerían por última vez. Solidez, control y nervios de acero. Los mismos que demostraron en el primer torneo de la historia de la Ivy League. Lejos de asustarse, aquel inédito escenario sirvió para afianzar sus virtudes. Sólo un susto  ante Pennsylvania les puso a prueba. Eran equipo de March Madness.

Henderson ha hecho de la pluralidad el santo y seña de un equipo perfectamente estructurado. Ideas claras, muchos efectivos involucrados y alternativas para asustar a cualquiera. El ataque de los Tigers no llama la atención por su volumen, pero sí por su eficiencia. Simplifican el juego, tienen buenos tiradores y un as en la manga: el rebote ofensivo. Son el segundo mejor equipo de la NCAA en esa faceta.

Son varias las piezas que conforman el núcleo duro, pero ninguna más versátil que Spencer Weisz, un escolta todoterreno que lidera a los suyos en rebotes, asistencias y robos por partido. El director encubierto de un conjunto que sabe repartir sus lanzamientos, porque no será por muñecas. Devin Cannady y Steven Cook se reparten el peso ofensivo desde el perímetro, tan compatibles con espacios como letales hablando de triples.

La diferencia la pone Myles Stephens, un 6’5 que entra a canasta como si fuera un interior. Su verticalidad es básica para centrar la atención en la zona y dar vía libre a sus tiradores. Porque Princeton te asfixia atrás y te remata desde fuera. Una combinación peligrosa cuando los nervios aprietan.

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Aunque la sobriedad ofensiva salta a la vista, no está la altura del nivel defensivo. Henderson ha construido un muro que apenas permite 62 puntos por partido. Cómodos en ritmos bajos, imponen su juego desde atrás, no tanto por agresividad sino por contención. Disciplina impecable y rotaciones trabajadas al detalle.

Los límites los ponen las rotaciones, y en su extensión, la falta de centímetros. Pete Miller completa el quinteto por su planta, pero ni por esas consigue no pasar desapercibido. En la segunda unidad sí destaca Amir Bell, un titular desde el banquillo que sin ser especialista en nada cumple en todo. Alec Brennan y Will Gladson conforman las últimas piezas del puzzle.

Las apariencias engañan y más en el Gran Baile. Los Tigers no tendrán el físico, pero sí el orden y la claridad de ideas. Si el planteamiento atrás funciona y los tiros entran desde fuera, el upset no es ninguna quimera.

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