Portland Trail Blazers

Pasar de ser un mal equipo a estar en la lucha por el título nunca es fácil en la NBA. Se requieren años de reconstrucción, aciertos en el Draft, traspasos bomba… Y una buena dosis de suerte. Pero dar este salto a la relevancia puede ser todavía más difícil para equipos mediocres que para aquellos que se ven en el fondo de la tabla año tras año.

Los Trail Blazers son un claro ejemplo de este problema. Tras el desmantelamiento de la “era Aldridge”, Portland ha sido un equipo sumido en la mediocridad, marchando hacia adelante con la vista fija en un futuro mejor que parece posible gracias a la excelencia de Damian Lillard y CJ McCollum, acompañada por el potencial de los jugadores que les rodean.

Potencial. Este es el mantra bien conocido por los fans del equipo de Oregón. La temporada pasada, esta esperanza pareció volverse mucho más tangible cuando los Blazers lograron resultados muy superiores a los que nadie habría esperado de una franquicia que intentaba reforjar su identidad.

La nueva energía de un equipo joven que ignoró todas las críticas y expectativas en su camino a una segunda ronda de Playoffs dejó a los fans emocionados y más que expectantes para una nueva temporada en la que tocaría ver si se podía ir más allá.  La directiva del equipo fichó a Evan Turner para dar más profundidad a la creación de juego más allá del tándem Lillard-McCollum, y se consiguió a Festus Ezeli por un precio de ganga para intentar apuntalar una zona en la que Mason Plumlee, a pesar de sus grandes esfuerzos, se queda corto. Era hora de ver hasta dónde podía llegar ese famoso potencial de la nueva sangre en Portland.

Y fue entonces cuando tocó volver a la cruda realidad.

Una vez más, Lillard comenzó la temporada mejorando todos sus números respecto a la anterior. McCollum no se quedaba atrás, afianzándose como uno de los mejores escoltas anotadores de toda la liga. Sin embargo, las expectativas en torno al resto de los jugadores se desinflaron como un globo. Los Blazers tuvieron que aceptar que los riesgos de lesión de Ezeli se veían realizados y que su nuevo pívot jamás jugaría un solo minuto para ellos (un sentimiento bien conocido por la ciudad), y Evan Turner tardaba mucho en encajar en el sistema de los Blazers, sin aportar lo que de verdad se esperaba de él.

Las aportaciones de los nuevos jugadores que tan gratamente sorprendieron la temporada pasada sufrieron una regresión general. Aminu pasó de ser un tirador exterior sorprendentemente hábil a un completo desastre en ataque apenas compensado por sus cualidades defensivas. Harkless no conseguía ser regular y Allen Crabbe no jugaba en absoluto al nivel esperado de él tras su renovación multimillonaria. Ed Davis tampoco fue capaz de rendir al mismo nivel que el año pasado, Noah Vonleh seguía sin cuajar y Meyers Leonard continuaba frustrando a los fans con su absoluta falta de progreso.

Mason Plumlee, a pesar de aportar una visión de juego excelente y rara en la posición de pívot, vio multiplicados sus fracasos defensivos y jugó un papel central en una defensa atroz que pronto se convirtió en la mayor debilidad de los Blazers. Lillard padecía de problemas en el tobillo que afectaron notablemente a sus números durante meses, y las lesiones también atacaron a Evan Turner justo cuando empezaba a encajar de verdad con sus nuevos compañeros. El equipo llegó al parón del All-Star con un decepcionante récord de 23-33, y no parecía haber una solución clara a la vista.

Perderse los Playoffs parecía inevitable, y parecía ser hora de centrarse en la lotería del Draft.

Pero fue entonces cuando la directiva de los Blazers hizo un movimiento que tendría un impacto enorme en el equipo. Portland traspasó a Mason Plumlee y un pick de segunda ronda a cambio de Jusuf Nurkiç y un pick de primera ronda, de parte de los Denver Nuggets.

Con este traspaso, los Blazers evitaban renovar a un jugador que no parecía en absoluto la respuesta para el futuro del equipo en la posición de pívot. Dejando atrás a Plumlee, apostaban por el potencial de un bosnio de 22 años cuyos problemas de actitud en Denver habían parado bruscamente su desarrollo, pero cuyo potencial era innegable.

Lo que nadie esperaba era lo inmediato y tremendo que sería el impacto de Nurkiç en los Trail Blazers. Titular desde el primer día a pesar de estar fuera de forma, el nuevo pívot empezó a hacer excelentes partidos inmediatamente, teniendo un efecto gigantesco en la defensa del equipo y aportando no poco en ataque. Animados por los excelentes números del bosnio, los Blazers resurgieron como un ave fénix, con Lillard recuperado de su lesión y jugando a su mejor nivel una vez más. El resto de la plantilla empezó a jugar a un mejor nivel también de forma inmediata. El equipo tuvo el mejor récord de la liga durante el mes de marzo, ganando 13 partidos y perdiendo solo 3. Portland se veía de repente en la octava plaza del Oeste tras arrebatársela a los mismos Nuggets que les ofrecieron a Nurkiç, en un partido en el que el bosnio aniquiló a su antiguo equipo con 33 puntos y 16 rebotes.

El impacto de Nurkiç no se puede exagerar, la forma en la que revolución al equipo fue bautizada como la “fiebre Nurkiç” por los fans.

Por desgracia, el bosnio sufrió una fractura leve en la pierna, lo cual puso a los Blazers en una posición de riesgo. Pero el equipo consiguió ganar los partidos necesarios, asegurando al fin su presencia en los Playoffs gracias a una victoria contra los Jazz en la que Lillard anotó 59 puntos.

Tras una temporada con grandes altibajos, los Blazers no solo se ven de nuevo en la postemporada, sino que el futuro parece de repente mucho más brillante. Con un Nurkiç que no es solo un buen pívot, sino una posible joven estrella en alza, la franquicia de Oregón ve entre sus manos un posible núcleo de oro en torno al cual construir. Cabe destacar también que la franquicia cuenta con tres picks en la primera ronda del próximo Draft, lo cual les brinda no poca flexibilidad para modelar la plantilla de cara al futuro.

Por supuesto, los Golden State Warriors esperan a los Blazers en la primera ronda. Con Kevin Durant de vuelta y toda la plantilla sana, el equipo de Steve Kerr es un titán prácticamente imposible de tumbar para Portland. Sin embargo, Lillard y los suyos se sienten ya contentos con el mero hecho de estar en la postemporada una vez más. Y, ¿quién sabe? Con Nurkiç probablemente recuperado de su lesión a tiempo para jugar la serie completa, quizás los Trail Blazers les pongan las cosas más difíciles de lo esperado a los campeones de la conferencia.

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