Pie de monte

Puede que su tamaño, demasiado incluso para prácticamente los estándares del baloncesto hoy en día, fuese la única forma de contener tanto talento en un cuerpo de ser humano. En una época en la que los jugadores altos eran poco más que meros estorbos, Bob Kurland cambió la concepción que hasta entonces se tenía de los jugadores por encima de los 2 metros. No sólo eso, además cambio el juego para siempre.

Un asunto familiar

Nacido en St. Louis, Missouri, el 23 de diciembre de 1924 acabó convirtiéndose en un auténtico mesías aunque adelantase su llegada un par de días para ser considerado oficialmente como tal. Tras graduarse en el instituto de Jennings, donde compitió en baloncesto y atletismo, llegó el momento de elegir el camino que marcaría su vida. Si bien su plan inicial era acudir a la Universidad de Missouri, todo cambió cuando el equipo de Oklahoma A&M (actual Oklahoma State Cowboys) jugó un partido en la localidad natal de Kurland. El entrenador de los Aggies, Henry Iba, invitó a Bob a cenar y le ofreció una beca, mientras que en Missouri le ofrecían un trabajo para poder  pagar sus estudios. Nacido en el seno de un familia en la que muchos miembros no había terminado el instituto, Kurland se decidió por la oferta de Iba convirtiéndose en el primero de la familia en llegar a la universidad.

El gigante Kurland, oficialmente un 7 pies pero oficiosamente 6 pies 10 pulgadas y media, era una apuesta arriesgada en un juego acostumbrado a ver a los jugadores tan altos como meras torres de guardia. Tan insólito era reclutar a alguien de semejante tamaño, que el bueno de Bob tenía que esforzarse por demostrar que Iba no se había equivocado ofreciéndole una beca por lo que no era raro verle barrer el suelo de su pabellón, el Gallagher Hall, antes de cada encuentro.

En su primera temporada, quizá algo verde aún, el equipo sólo consiguió un balance de 14-10 empeorando el registro conseguido la temporada anterior. No fue un primer contacto triunfal, pero cumpliendo el ciclo de cuatro años con los Aggies Kurland tenía tiempo para poder brillar. Desde luego, más allá de estadísticas, ya había demostrado que un jugador de esa altura podía ser algo más que un obstáculo para el rival.

Oklahoma A&M basketball player Bob Kurland reaching to make a basket. (Photo by Myron Davis/The LIFE Picture Collection/Getty Images)

Duelo de gigantes

Tras un primer año de fogueo, la temporada 1943-1944 supuso la explosión del equipo en el que jugaba Bob. Con un balance de 27-6, los Aggies fueron el primer equipo de su conferencia y participaron en el National Invitation Tournament (NIT). En este torneo, ganaron a Canisius Golden Griffins en primera ronda para caer en semifinales contra DePaul Blue Demons, equipo en el que jugaba el otro gigante de la época: George Mikan. Con el mismo tamaño, aproximadamente, que Kurland pero bastante más corpulento los duelos entre ambos eran épicos.

Tras maravillar al mundo, Kurland y los Aggies tenían una espinita clavada al no haber podido conseguir el trofeo. El equipo tenía un objetivo marcado y la temporada 1944-1945 prometía ser espectacular. Tanto es así, que en algún momento entre ambas temporadas, Kurland se convirtió en el primer jugador en realizar de manera regular uno de los movimientos más vistosos del baloncesto: el mate. En un partido ante Temple Owls Bob cogió un rebote por debajo del aro, quisieron la casualidad y el instinto que acto y seguido lo colase dentro del mismo aferrándose al metal. Lo que empezó por casualidad se convirtió en algo repetido partido tras partido facilitado, sin ninguna duda, por ver el aro desde una distancia mucho inferior a la que lo veían la mayoría de sus rivales.

Era la temporada de la conjura e impulsados por su gigante particular los pupilos de Henry Ibe se colaron en el torneo de postemporada de la NCAA. Utah Utes no fueron rival y cayeron por 62-37. Tampoco presentaron mayores problemas los jugadores de Arkansas Razorbacks que perdieron en semifinales 68-41. No fue tan fácil derrotar a NYU Violets pero acabaron sucumbiendo por 49-45. Los Aggies terminaban la temporada con un balance de 27-4 y, lo más importante, condecorados como el mejor equipo colegial. Kurland, además, era nombrado mejor jugador del torneo. Cabe destacar que mientras los Aggies se hacían con el título de la NCAA el otro gigante, Mikan, y su equipo ganaron el NIT.

Quizá como forma de saldar las cuentas pendientes de la semifinal del NIT de la temporada 1943-1944, Oklahoma A&M y DePaul se enfrentaron en el antiguo Madison Square Garden en una especie de partido definitivo: el campeón de la NCAA contra el campeón del NIT. Sobre el papel estaba en juego la supremacía del baloncesto universitario, mientras que la afición estaba pendiente de la lucha entre dos titanes. Pese a la supuesta ventaja de Mikan debido a su tamaño, los problemas de faltas dejaron fueran de juego al Blue Demon llegados a la mitad del encuentro. Kurland, pudiendo jugar más minutos llegó hasta los 14 puntos superando así los 9 que había anotado su rival. Los Aggies ganaron el encuentro 52-44 confirmando lo que no era necesario al haber conseguido el título de la NCAA, Bob salió fortalecido en su lucha personal con George y la Cruz Roja hizo mucha caja en un partido benéfico. Todos, menos Mikan y el resto de DePaul, contentos.

Hecha la ley, hecha la trampa

Los Aggies estaban dispuestos a defender el título en la temporada 1945-1946 pero surgió un obstáculo en forma de normativa. Kurland, al igual que Mikan, utilizaba su tamaño para cazar los balones de los rivales en pleno vuelo hacia el aro. El “goaltending”, algo sancionado hoy en día, suponía una clarísima ventaja para unos rivales que veían como sus intentos de anotar se convertían en oportunidades para el rival. La NCAA decidió tomar cartas en el asunto y sancionar algo apenas visto hasta entonces, debido al menor tamaño y capacidades atléticas de los jugadores que no podían saltar hasta alcanzar el balón. Eliminada una de las grandes ventajas de Kurland estaba por ver si los Aggies serían capaces de mantener su supremacía.

Bob Kurland decidió demostrar que había sido nombrado mejor jugador en el torneo del campeonato por algo más que su capacidad para hacerse con los tiros del rival. Los Aggies mejoraron el registro de la campaña anterior, llegando a un 31-2 final, y se plantaron en la lucha por el título de postemporada. Debido al formato bastante más reducido que el actual, a los de Oklahoma A&M les bastaba con vencer a tres rivales para repetir título. Algo que parecía sencillo pero no era tarea baladí pues ningún equipo había logrado repetir gesta en las seis ediciones anteriores, tampoco en años no consecutivos. Un motivo de esperanza para lograr la hazaña era la ausencia de Mikan en el cuadro, pero no se podía infravalorar al resto de rivales. Si bien Baylor Bears o California Golden Bears no presentaron muchos problemas y cayeron por prácticamente 20 puntos cada uno de ellos, todavía quedaba un obstáculo más que salvar para repetir título: North Carolina Tar Heels, entonces conocido como White Phantoms.

La final de la NCAA de 1946 fue el primer partido colegial televisado en toda la historia. Gracias a CNS unos 500.000 espectadores fueron capaces de presenciar el partido en el área de Nueva York. Años antes de las espectaculares Final Four de hoy en día, 19.000 personas se dieron cita en el antiguo Madison Square Garden para ver la gran final. Eran otros tiempos, en todos los sentidos, pues el humo del tabaco era tan denso en el pabellón que los jugadores no eran capaces de ver las gradas superiores. Todavía faltarían 8 años para el primer partido universitario emitido a nivel nacional, por 7.500 dólares, pero el partido entre los Oklahoma A&M y UNC supuso la primera piedra. Un partido, que es historia fuera de la cancha pero también dentro de ella.

Un palmarés de oro

Con el bloque campeón la temporada anterior de vuelta más alguna gran incorporación, como Sam Aubrey y su milagrosa recuperación de las heridas sufridas en la Segunda Guerra Mundial (de la que Kurland se había librado por ser demasiado alto), los Aggies habían mejorado el registro marcado en la temporada del título. Es más el quinteto inicial del equipo, los cinco jugadores, formaban el primer equipo All-American de entre todas las conferencias. Es decir, el mejor equipo que se podía formar a nivel universitario, contando con todos los jugadores, ya existía y eran los Aggies. Se trataba de un equipo sólido con un claro puntal, Kurland, y es que todos los análisis apuntaban a que gran parte de las posibilidades de Oklahoma A&M de poder conseguir el título de nuevo pasaban por Bob. El partido fue disputado hasta el último minuto y sentenciado sólo por 3 puntos, los que marcaron la diferencia final de 43-40 a favor de los Aggies. Kurland, con 23 puntos, fue nombrado de nuevo el jugador más valioso del torneo.

El gigante de Missouri cerró su carrera universitaria con otro título colectivo e individual, a sumar a la larga lista de galardones y reconocimientos recibidos hasta entonces: jugador nacional del año por la fundación Helms y la revista Sporting News (ambos en 1946), en el mejor quinteto All-American de todas las conferencias en tres ocasiones (1944-1946) y en el mejor quinteto de su conferencia, Missouri Valley Coference (MVC) en 1946. El pívot de los Aggies dejaba además Oklahoma A&M con un título de Bachelor of Science in Education. Para ser el primero de la saga Kurland en ir a la universidad, no lo había hecho nada mal.

Acabada su etapa universitaria, Kurland volvió a hacer gala del pragmatismo que le hizo decantarse por Oklahoma A&M. Por aquel entonces, a mediados del siglo XX, el baloncesto aún estaba en pañales. Si bien tuvo ofertas de entre 15.000-17.000 dólares por temporada, con posibilidad de subir a 25.000-30.000 dólares años después, al baloncesto profesional le faltaba algo que Kurland deseaba: estabilidad y seriedad. Es por eso que, mientras Mikan se decantó por los Minneapolis Lakers y pasó a la historia, Kurland decidió fichar por Phillips Petroleum Company. Fichar, en el más amplio de los sentidos ya que en aquella época diversas empresas formaban parte de Amateur Athletic Union (AAU) y el gigante no iba a ser infrautilizado formando parte sólo de las actividades comerciales de la empresa.

Defendiendo los colores de los Phillips 66ers durante 6 temporadas el equipo consiguió un récord de 369-26, marcando un impresionante número de victorias por encima del 90 %. En este período Kurland fue elegido como integrante del primer equipo en todas y cada una de las temporadas que jugó. Además lideró al equipo hasta el título de la AUU en los años 1947, 1948 y 1950.

No formar parte del baloncesto profesional permitió a Kurland representar a los Estados Unidos en los Juegos Olímpicos en dos ocasiones, 1948 y 1952. En la primera de las dos participaciones, los Phillips 66ers se enfrentaron a Kentucky Wildcats, campeones de la NCAA, durante la preparación previa a formar el equipo olímpico. Liderados por Bob, el equipo de la empresa venció a universitario suponiendo así la inclusión de hasta 5 jugadores de los 66ers en el equipo de los Juegos Olímpicos y la elección de su técnico, Bud Browning, para dirigirlo frente al mítico Adolph Rupp. En los siete encuentros que duró la competición, Kurland anotó 65 puntos convirtiéndose en el segundo mayor anotador del equipo campeón de los Juegos Olímpicos. Si bien los 66ers no fueron capaces de repetir hazaña en la preparación de los Juegos Olímpicos de 1952, Bob si fue seleccionado para un equipo en el que fue el tercer máximo anotador, con 69 puntos en siete partidos, y con el que consiguió de nuevo la medalla de oro. Tras la competición Kurland decidió colgar las botas, rompiendo así los corazones de los aficionados de los 66ers. Su palmarés universitario, algo inigualable por aquel entonces, tenía de broche diversos títulos y reconocimientos de la AAU y dos oros olímpicos y ser abanderado en 1952. Poca broma.

Un tipo cualquiera

Fuera de las canchas pero ligado aún a Phillips Petroleum Company Kurland fue formado en un postgrado de administración en la Universidad de Standford. De comercial, a ejecutivo de marketing en donde se encargó del desarrollo de las divisiones de agricultura y plásticos. Bob, quién había sido pionero del concepto de mate en el baloncesto, puede ser considerado uno de los responsables de otro concepto revolucionario a nivel industrial: la gasolinera autoservicio. Con un trabajo que hacía que tuviese que viajar por todo el país, Kurland estableció su hogar en Denver, Wichita, Memphis, Cincinnati y Atlanta. Fue durante su época de nómada donde consiguió un nuevo reconocimiento ya que fue incluido en el Naismith Memorial Basketball Hall of Fame en 1961. Pese a haber nacido en Missouri, los años ligado a Oklahoma había dejado huella en Kurland y finalmente estableció su residencia ahí, en concreto en Bartlesville donde estaba la sede central de Phillipis Petroleum Company. Retirado de la compañía en 1985, repartiendo el tiempo de la jubilación entre Bartlesville y la soleada Sanibel Island, en Florida, recibió un último reconocimiento: la inclusión en el Hall of Fame de los jugadores polaco-americanos. Fue en Florida, en su retiro, donde la muerte fue a buscarle con 88 años.

Si bien los reconocimientos y títulos dan una idea más que clara de la auténtica dimensión de Kurland, todavía se puede recurrir a los fríos números. 643 puntos, para una media de 19.5 puntos por partido, en la temporada 1945-1946. Una salvajada de anotación en una época en la que el juego se jugaba a un ritmo muy inferior al actual, más increíble si se tiene en cuenta que Kurland era considerado un jugador eminentemente defensivo. Para la historia quedan también los 58 puntos que anotó sobre el novato Ed Macauley, quien también acabaría formando parte del  Hall of Fame. En cuanto a los duelos particulares de Kurland y Mikan, Bob se llevó el gato al agua en tres de los cinco encuentros disputados, anotando en total 77 puntos por los 64 de George. Sin embargo, la historia ha decidido ser más benévola con el segundo.            No hay que dar muchas vueltas para encontrar la razón y es que el profesionalismo que Kurland preveía podía triunfar pero el cual le preocupaba se asentó y alcanzó dimensiones que Kurland no había ni imaginado. Los títulos de la AAU y los de los Juegos Olímpicos de la época amateur pueden ser considerados auténticos logros, pero palidecen ante los 5 títulos que logró Mikan en la que finalmente se convirtió en la liga de baloncesto más importante del mundo.

¿Qué habría pasado si Bob Kurland hubiese decidido ser profesional? Es una pregunta sin respuesta. Sin embargo, no puede dejar de resultar curiosa la tremenda influencia de Kurland en un deporte que no le vio más allá de su condición de amateur, en una liga en la que nunca formó parte, pues todo lo que conocemos no sería igual sin la regla inventada para frenar a Kurland.

7 pies de puro talento. En una época en la que para mirar a los demás desde arriba había que dar la espalda al aro, él decidió mirarlo de frente.