Houston Rockets

Con ilusión y cierto optimismo. Así se presenta Houston ante el reto de unos Playoffs muy distintos a los vividos la temporada pasada, cuando parecía que se había entrado con cero opciones de realizar algo importante.

Ahora mismo la misión para los tejanos es complicada, pero se presentan sin complejos: sin la presión de ser el claro favorito pero sabiéndose un “outsider” temido y una clara alternativa a los que las casas de apuestas vaticinan como las principales opciones para la conferencia Oeste.

Y es que la revolución en esta temporada ha sido total, con un cambio casi absoluto de la plantilla, entrenador e incluso estilo de juego. Únicamente manteniendo como factor común eso sí el indiscutible liderazgo de un James Harden que ha sobresalido aun más si cabe esta temporada .

Así pues el borrón y cuenta nueva que ha llevado a los Rockets a esta posición de privilegio comenzó en verano, aunque sin cimentarse en las elecciones del draft, ya que ninguno de los dos “picks” ha llegado ni siquiera a enfundarse la zamarra tejana (aunque a más de uno nos hubiese gustado ver ahí a nuestro Juancho Hernangomez).

Sí que tuvo que ver con la  -cuestionada al principio- llegada de Mike D’Antoni al banquillo, que desde el primer momento ha conseguido dar con la tecla y encajar todas las piezas a la perfección. La incorporación a la plantilla de dos grandes tiradores como Ryan Anderson y Eric Gordon, así como el incremento de protagonismo de jugadores como Sam Dekker, la consolidación de Trevor Ariza y sobre todo la pérdida de uno de los mayores referentes de la liga en la pintura como Howard, hacía prever que el ritmo pasaría a ser rápido y basándose en un juego desde el perímetro.

Igual nos quedamos hasta cortos en las previsiones, y es que en algunos tramos se ha llegado a abusar del lanzamiento de triple. Hasta tal punto que se ha batido cuatro veces durante la temporada el récord combinado histórico de la liga en cuanto a lanzamientos de tres intentados en un partido (88), y sobre todo el de equipo, que llegó a batirlo con 66 triples intentados contra los Pelicans el pasado 16 de diciembre. ¡66! y una media durante todo el año de 40.1 siendo el líder indiscutible de este apartado.

Pero al César lo que es del César. La fórmula ha funcionado a la perfección con un equipo en estado de gracia y con un récord que pocos podían imaginar cuando se dio el pistoletazo de salida al año.

Un gran papel lo ha jugado James Harden. Merece episodio a parte. Eclipsado por la estratosférica temporada de Westbrook, sino llega a ser por el de Oklahoma pocos tendrían dudas hoy de que sería el superfavorito para ser el MVP de la temporada. 21 triples dobles, que se dice pronto, y una enorme progresión respecto al año pasado en cuanto a números, al impacto en el equipo y hacer jugar a sus compañeros. Las cifras son de escándalo y sólo al alcance de un puñado de grandes estrellas de las últimas décadas en la NBA. Agarrense que vienen curvas:  29.1 puntos, 8.1 rebotes (+2 en relación a la 2015-16) y 11.2 asistencias (+3.8 comparado con el pasado año).

La temporada ha sido sobresaliente, e incluso se podría decir que clasificatoriamente plácida. Consolidado en un cómodo 3º puesto, sólo por detrás de los dos grandes monstruos del Oeste como son Spurs y Warriors que juegan en otra liga, pero en algunos tramos llegando a estar pisándoles los talones, que no es poco. Es lógico pensar que en una temporada no se puede competir con los grandes transatlánticos pero en una serie corta sí que existen opciones de ganarles.

La temporada ha sido de menos a más y ahora mismo Houston llega a los playoffs en un momento óptimo de juego. Si bien es cierto que el primer mes de competición fue de acoplamiento del equipo (se llegó a finales de noviembre con un balance de 11-7), a partir de ese momento los Rockets encadenaron una racha de 10 victorias consecutivas, incluyendo dos meritorias en canchas de Thunder y Warriors que les iban a catapultar hacia arriba, que unió a otra gran serie de 9 partidos seguidos ganados para arrancar el año natural con un balance de 31 victorias y 9 derrotas.  El conchón estaba ya realizado y se mantuvo hasta el parón del All-Star, dónde se llegó con la misma ventaja en el casillero.

Tras el partido de las estrellas Houston dio otro estirón y con un parcial de 15 victorias y 9 partidos perdidos ha conseguido consolidar la tercera posición en la conferencia, lo que le permite tener el factor campo en la primera ronda en un choque contra Oklahoma City Thunder (menudo coco para una eliminatoria inicial, aunque en el salvaje Oeste no hay rival asequible) en el que saltarán chispas y en la que previsiblemente se vea un duelo estelar Harden-Westbrook y unos marcadores amplios.

¿El objetivo a marcarse para esta postemporada? No pasar la primera ronda debería considerarse una decepción.  A partir de ahí la labor de Houston debe consistir en hacer cumplir su papel de alternativa al título. Realizar su trabajo y esperar un error de Spurs o Warriors para conseguir meterse en la pelea por el título. Siempre siendo cauto, sabiendo de la dificultad, pero sin renunciar absolutamente a nada. Para ello posiblemente cuente con el mayor poderío ofensivo de la liga y únicamente deberá ajustar esa endeblez defensiva para cortar la sangría de puntos y hacerse fuerte en momento en el que las defensas añaden un punto de intensidad.

¿Díficil? Sí, mucho. ¿Imposible? Habrá que jugarlo…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *