Golden State Warriors

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72-10, el balance de un equipo campeón: Chicago Bulls en la temporada 1995-1996. ¿Serán campeones los Warriors con 73-9?

Poco había que mejorar en un equipo campeón y Kevon Looney fue la única incorporación de los Warriors mediante el draft. Looney, un ala-pívot procedente de UCLA ha contado con una veintena de minutos en toda la temporada y es que estaba claro, antes de comenzar, que iba a tener muy difícil hacerse un hueco en un bloque tan compacto. Golden State también se hizo con los servicios de Jason Thompson, cuyo único protagonismo fueron unos cinco minutos por partido, durante 29 encuentros. Poco movimiento en la plantilla, sí, ya que el más importante se produjo con la renovación de Draymond Green. El Spartan es mucho más que un jugador importante en la alineación, es el alma del equipo y es que es un jugador que lo da todo, además con éxito, tiene fácil ganarse a compañeros, cuerpo técnico y por supuesto a la afición.

La temporada comenzó con una baja importante, la del entrenador Steve Kerr por problemas con su espalda, pero la incógnita de cómo afectaría esto al rendimiento se despejó bien pronto. Los Warriors, con el asistente Luke Walton a la cabeza, comenzaron ganando ante New Orleans Pelicans el 27 de octubre y no perdieron hasta el 12 de diciembre, contra Milwaukee Bucks. Una increíble racha de 24 victorias seguidas, nuevo récord en la NBA, y es que a esas alturas de la temporada, tan temprano, los Warriors parecían ya invencibles. Poco tiempo pasó antes de la segunda derrota, y es que repetir una racha así era una tarea demasiado complicada. Los de Oakland perdieron en Dallas dos semanas después, para seguir encadenando victorias hasta una nueva derrota en Denver a mediados de enero. Con tres partidos en cuatro días, el cansancio hico mella y los pujantes Detroit Pistons fueron los siguientes en meter mano al equipo de Walton. Quizá dolidos por dos derrotas en tres partidos, Golden State inició una racha de 11 victorias consecutivas en medio de la cual volvió Steve Kerr. Con un balance de 39-4, Walton volvió a su puesto de entrenador asistente dejando el pabellón bien alto.

Llegó febrero y el parón del All-Star, al que los Warriors se presentaron con un balance de 48-4, los ecos del récord de los Bulls de los 90 resonaban cada vez más fuerte, alejando de la mente el verdadero objetivo: ser campeones. Afectó el fin de semana de concursos y pachangas, pues los de la bahía volvieron a las canchas cayendo contra los Blazers. Siete victorias, dos prórrogas incluidas, siguieron a esa derrota antes del descalabro frente a los Lakers. Analizando fríamente la situación, obviando los récords, la derrota suponía un grano de arena en una montaña ya que con un balance de 55-6, ¿qué importaba? Sin embargo, nunca un equipo con un balance tan malo como los Lakers, había ganado a un equipo con un balance tan superlativo como el de los Warriors. Esta derrota no pasará a la historia, sin embargo si será recordada en la franquicia angelina como uno de los pocos motivos de alegría el año de la despedida de Kobe.

Una vez más, siendo la única manera de hacer ese balance increíble, la derrota fue seguida por una serie de victorias, hasta caer ante unos San Antonio Spurs con muchas cartas guardadas, de cara a una previsible final del Oeste, pero que supieron llevar el partido a su propio terreno. Un genio Popovich y unos genios los Spurs quienes, si bien ensombrecidos por los Warriors tal y como le pasó a Orlando Magic en 1995-1996 con Chicago Bulls, han cuajado una temporada increíble.

Con la plaza para Playoffs certificada antes que nadie en la historia de la NBA, Kerr podría haber aprovechado para dar desacanso a sus piezas más importantes. Sin embargo, las ganas de batir el récord que él mismo consiguió como jugador y la alargada sombra de los Spurs, no muy detrás en la clasificación, en la pugna por el factor cancha pudieron al técnico. Tras salvar una victoria en Utah en la prórroga, dos derrotas ante Boston Celtics y Minnesota Timberwolves, esta última muy inesperada, colocaron a los Warriors con 9 derrotas a falta de cuatro partidos, sin poder perder ninguno para superar el récord. En condiciones normales algo más que posible, pero dos de esos partidos les enfrentaban a los Spurs. Salvado el primero de ellos, dos enfrentamientos ante Memphis y uno ante San Antonio restaban para hacer historia. Finalmente y tras ganar todos los encuentros, el récord fue superado.

El equipo llega a Playoffs como el más fuerte de la temporada y, por lo menos estadísticamente, el mejor equipo de la historia. El equipo de la temporada anterior ha mejorado en muchos aspectos, más allá del balance final. Si Curry era el jugador fetiche de muchos hace un par de temporadas y la anterior encandiló a todo el mundo, siendo el contraparte perfecto para el amado-odiado LeBron James, en esta temporada también cuenta con detractores siendo este un claro indicador de su nuevo estatus en la liga. Un Curry, que algún día saldrá de la cancha para meter un triple y que, además del récord de Korver de anotar al menos un triple en el mayor número de encuentro consecutivos, ha pulverizado el registro de mayor número de triples anotados en una temporada, un récord que él mismo estableció la temporada pasada. Jugando de memoria, con un quinteto establecido y buenas piezas de recambio, pocos rivales pueden amenazar a Golden State.

Por ponerles un pero, ya que hay que ponerles un pero, es tanta su superioridad que en más de una ocasión han cometido errores propios del exceso de confianza y de la falta de concentración. Además, han abusado del tiro más allá de la línea de tres, incluso mucho más allá. Esto en los Playoffs, donde los errores se pagan más caros que en temporada regular, puede ser mortal. Podríamos decir eso de: torres más altas han caído, pero es que no ha habido torres más altas.

Tras una temporada histórica, los de Golden State son los candidatos principales a un título que ya consiguieron la temporada anterior. Pese al aumento de competitividad del Este, y la buena temporada de Cleveland Cavaliers, se antoja mucho más difícil llegar a la Final que ganarla. El principal escollo está en la misma Conferencia y es que San Antonio Spurs es un rival muy peligroso. No ganar el título sería una decepción, no llegar a la Final un fracaso, no llegar a la Final de la Conferencia Oeste sería una debacle.

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