El charco ya no es lo que era

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Que la NBA es la mejor liga del mundo es algo que todos aceptamos. Que existan instrumentos para medirlo de forma objetiva ya es otro tema, como se debatió hace semanas en el foro de BasketAmericano. De lo que no cabe dudar, sin embargo, es del hecho de que cada vez la competición es más global.

La llegada de las televisiones, y en última instancia de internet, ha contribuido sobremanera a la gran expansión de la NBA hasta convertirse en un producto global. En los últimos 30 años la NBA ha pasado de ser una competición puramente americana (con alguna excepción), a ser una competición dónde hay una gran carga de jugadores foráneos, empiezan a asomar la cabeza los entrenadores formados fuera de los EE.UU., e incluso hemos llegado a ver hasta una franquicia controlada por un magnate extranjero.

Esta tendencia se ha visto acentuada en los últimos años con los Global Games, unos amistosos que podríamos considerar herederos del desaparecido Open McDonalds, dando la oportunidad a seguidores de diversas partes del mundo de ver a franquicias NBA enfrentándose a equipos locales o a dos franquicias jugando entre sí en países sin tradición baloncestística como Reino Unido y China. Además, en los últimos años la NBA ha trasladado también partidos oficiales a sedes como Londres o Ciudad de México, quedando aún lejana, pero ya en el aire, la posibilidad de ver en un futuro franquicias jugando permanentemente fuera de territorio estadounidense (sin contar, claro está, a las que han jugado en Canadá).

¿Y cuál es el principal motivo de esta expansión? El dinero. En un mundo cada vez más globalizado, la NBA ha estado atenta y ha potenciado sus vías de expansión global, como el League Pass, dando la posibilidad de ver todos los partidos desde cualquier parte del mundo.

Esta expansión global de la NBA nos traslada también a la pista, y es que en los últimos 30 años el número de jugadores foráneos en la Liga ha crecido exponencialmente. Pero antes de continuar, un inciso. A partir de ahora hablaremos mucho de jugadores extranjeros en la NBA y hay que diferenciar entre dos clases de extranjeros: los que tienen formación americana y los que no. Por ejemplo, aunque Mychal Thompson, nacido en Bahamas, debutara en la NBA en 1978, su formación baloncestística tuvo lugar en los EE.UU., con lo cual sí, es un jugador extranjero a ojos de la NBA, pero baloncestísticamente es un norteamericano más.

Como Thompson hubo varios anteriormente. Si os preguntáramos por el primer jugador internacional que recordéis de la NBA, la gran mayoría es probable que os acordéis de Manute Bol o posiblemente Detlef Schrempf. No obstante, erraríais, pues ese honor corresponde a Frido Frey, ala pívot alemán, aunque criado en los EE.UU., que disputó la temporada 46/47 con los Knicks de Nueva York.

Así pues, para encontrar al primer jugador foráneo en llegar a la NBA sin tener formación americana tenemos que trasladarnos hasta 1985, año en que debutó en los Suns de Phoenix Georgi Glouchov, búlgaro y primer jugador del bloque soviético en formar parte de la liga. Duró un año en la NBA. Al año siguiente, el malogrado Fernando Martín tampoco pudo hacerse un hueco y volvió a España a final de temporada. Ya en 1989, cinco jugadores sin formación americana dan el salto de golpe. Son los Volkov, Paspalj, Marciulonis, Divac y el prematuramente fallecido Drazen Petrovic los que con peor o mejor suerte se abren camino en la NBA. De esa misma generación europea vimos llegar a EE.UU. a Vrankovic, Radja o Kukoc, por ejemplo. En los 90 también llega a la NBA George Muresan, jugador que destaca sobremanera por sus 2’31 metros de altura. No obstante, son años complicados para los jugadores foráneos. La gran mayoría vienen de ser las grandes estrellas del viejo continente y se encuentran en una competición en la que pasan a ser el último jugador del banquillo. Las diferencias entre EE.UU. y el resto del mundo son enormes, así como los prejuicios de los entrenadores americanos hacia los jugadores foráneos.

Dirk Nowitzki vintage

1998 es un año importante. En la 9ª posición del Draft es elegido por Milwaukee (y posteriormente traspasado a Dallas), un espigado alemán llamado Dirk Nowitzki. En ese mismo Draft es escogido también Rasho Nesterovic y al inicio de la siguiente temporada llega a la liga (había sido seleccionado dos años antes) Peja Stojakovic. Entre los 3 acumulan más de 40 temporadas NBA a sus espaldas.

Poco a poco se va rompiendo el muro y cada vez son más los jugadores que dan el salto. Los ojeadores NBA empiezan a darse cuenta que hay vida más allá de la NCAA y empiezan a escrutar a los jóvenes talentos del resto del mundo para llevarlos a Estados Unidos. Y aquí es dónde entran en juego los San Antonio Spurs, que en los años siguientes incorporarán a su plantilla a Tony Parker, Manu Ginobili o Fabricio Oberto, entre otros. También aparecerán en la liga jugadores como Turkoglu, Kirilenko, Giricek o Pau Gasol, jóvenes jugadores que habían ya empezado a destacar en equipos punteros del viejo continente.

El abanico se abre a jugadores más exóticos. Llegan cada vez más jugadores foráneos y no todos son conocidos. Nos encontramos por ejemplo con el caso de Nikoloz Tskitishvili, georgiano, seleccionado en el nº 5 del Draft de 2002 pero que nunca llegó a cumplir las expectativas en la NBA, el mismo Draft que anuncia al mundo el descubrimiento del mercado asiático para la NBA con la selección en el nº 1 de Ming Yao.

Yao Ming draft

Se acaban los prejuicios y la NBA cada vez se abre más a jugadores foráneos de un nivel más discutible. Mientras que en los 80 y 90 tenías que ser una superestrella a nivel europeo para poder optar a dar el salto a los Estados Unidos, y aún así era complicado lograr hacerse un hueco en la liga, ahora cualquier jugador puede hacerlo. Darko Milicic fue nº 2 del Draft de 2003 por delante de Dwyane Wade, Chris Bosh o Carmelo Anthony. Vemos nombres en la NBA como Cabarkapa, Peter John Ramos, Mario Kasun o Martynas Andriuskevicius, por poner algunos ejemplos, jugadores jóvenes de un nivel no apto para la NBA pero que tuvieron una oportunidad en su competición.

Y en los últimos años, el gran océano que complicaba a los jugadores dar el salto a la NBA se ha convertido en un pequeño charco que prácticamente cualquiera puede saltar. Si en un principio de grandes estrellas el abanico se amplió a jugadores con un posible potencial futuro, los últimos cinco años han visto dar el salto a jugadores de equipos de nivel medio/bajo europeo que ni siquiera ahí habían destacado. Tenemos nombres como Eyenga, Kuzmic, Moreira, Rudez, Neto, Nogueira, jugando en equipos de media tabla en la ACB, o el de Dennis Schröder, que da el salto a la NBA desde la segunda división alemana.

Y este verano, más saltos. A falta de cerrar los cortes de los TC, se incorporan a la NBA desde Europa y Asia multitud de jugadores. Justin Hamilton, Bobby Brown, Robbie Hummel, Reggie Williams, Sergio Rodríguez y Nate Wolters  son algunos de los nombres que vuelven a la Liga tras pasar por Europa, Yi Jianlian hace lo propio tras pasar por China, mientras que Brandon Paul y Malcom Delaney son los dos de principales jugadores foráneos que tendrán su primera oportunidad tras un periplo de varios años entre la D-League y el viejo continente. Por su parte, Maurice N’Dour, tras ser cortado sin debutar por Dallas el pasado verano, estará en el roster de los Knicks.

hernangomez

En cuanto a los debuts para esta nueva temporada: Mindaugas Kuzminskas, Álex Abrines, Yannick Moreira, los hermanos Hernangómez y Nicolás. Laprovittola tendrán la oportunidad de debutar en la NBA procedentes de España. Nicolás Brussino hace lo propio desde Argentina, mientras que Kevin Murphy y Arinze Onuaku se incorporan desde Japón y Filipinas, respectivamente. Completa la lista de destinos exóticos Jaleel Roberts, incorporado desde Australia. Aunque sobre todos ellos destaca otro nombre: Dario ŠarićPick número 12 de Orlando Magic en el Draft de hace dos años, traspasado a los Sixers de Philadelphia y que tras dos años curtiéndose y brillando en Europa desembarca en la NBA llamado a ser importante en una franquicia en horas muy bajas.

Como podéis observar, los grandes jugadores europeos siguen destacando en NBA, pero además cada vez más jóvenes talentos zarpan sin prácticamente haber pasado por Europa. Jugadores que llegan a dar el salto sin temor alguno a no lograr hacerse con un hueco en la mejor liga del planeta, conocedores de que a su vuelta al viejo continente se harán con grandes contratos en equipos punteros europeos.

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