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Golden State Warriors

Nos tienen mal acostumbrados, lo hacen tan sencillo que ya incluso los récords dejan de ser noticia. Los Golden State Warriors han vuelto a derribar un muro, no uno tan sólido como el del 72-10 superado la temporada pasada, pero alcanzar las 65 victorias por tercera temporada consecutiva es algo al alcance de muy pocos equipos. Un hito que les permitirá tener el factor cancha a favor en unas hipotéticas finales, ya que ningún equipo de la Conferencia Este se acerca si quiera a las 60 victorias, e incluso ante cualquier equipo de la Conferencia Oeste, pese al esfuerzo de unos San Antonio Spurs que impulsados por Kawhi Leonard también han superado esas 60 victorias.

Tras tocar la gloria con el anillo en la temporada 2014-2015, la temporada 2015-2016 puede considerarse una gran decepción. Sí, convertirse en el equipo que más victorias ha logrado en una sola temporada quedará para la historia. Una historia que nos recuerda el lema del equipo que mantuvo el récord durante dos décadas: “72-10 don’t mean a thing without a ring”. Interiorizar estas palabras llevo a los Bulls de Jordan y compañía a poner la guinda al récord con un anillo, algo que no hicieron los de Golden State. Quizá por eso, más que el 73-9, siempre se recordará cómo los Warriors pasaron de ir 3-1 en las series a perder tres partidos seguidos y, por lo tanto, la corona de campeones.

Tras dos grandísimas temporadas, siendo el equipo con más victorias en la temporada regular, no había muchas opciones en el draft. Damian Jones, pívot procedente de Vanderbilt, apenas ha completado una veintena de minutos repartidos en nueve encuentros. Mejor suerte ha tenido Patrick McCaw, escolta llegado desde UNLV, pese a contar con los minutos que no quiere nadie ha servido de refresco al resto de jugadores durante 68 partidos. Con escasas opciones de mejorar la plantilla vía draft, era necesario mirar a otros lados en busca de un revulsivo que hiciese olvidar la derrota sufrida en las finales. Llegados a este punto es hora de plantearse, ¿necesitaba la plantilla un cambio? Quizá era cuestión de replantearse la actitud del equipo, posiblemente viciada tras dos temporadas arrasando, más que los dorsales que lo componían.

Un terremoto veraniego en la bahía de Oakland, en forma de Kevin Durant fichando por el equipo que privó a Oklahoma City Thunder de disputar la gran final, removió los cimientos del equipo de Steve Kerr. Si los de Oklahoma City han reconstruido su equipo encomendándose a un jugador reencarnado en cinco posiciones, Russel Westbrook, en Golden State fueron necesarios unos cuantos cambios más para acomodar a una nueva superestrella.

Si acomodar a una estrella en un equipo ya saturado de ellas no es tarea sencilla, desmontar una gran segunda unidad quizá no sea la mejor opción. Leandro Barbosa, Festus Ezeli, Brandon Rush, Marreese Speights y Anderson Varejao pusieron rumbo a distintos equipos. La disolución de los Warriors B era necesaria, pero estos cambios podrían paliarse con unos nuevos suplentes y aumentado el protagonismo de la segunda unidad. Cambios importantes, sin duda, pero para hacer un hueco a Durant fueron necesarias más salidas: Andrew Bogut y Harrison Barnes. Si bien el pívot australiano comenzaba cada temporada como una incógnita, debido a sus lesiones, era el baluarte interior puro del equipo. La salida de Barnes, entendible por compartir posición con Durant y con un Iguodala que se ha mantenido como sexto hombre, desmontaba parte de la columna vertebral del equipo.

Pese a los temores albergados debido a la importancia de la nueva incorporación, poco hay que resumir de la temporada del equipo: victoria y victoria, su balance final lo deja claro. Dejando de lado algún problema de química, cuando todos quieren tocar bola, el experimento de cuatro estrellas y a jugar small-ball ha salido perfecto. Con grandes anotadores, capaces de reventar el aro desde prácticamente cualquier posición, pero cimentando las victorias desde atrás los Warriors han ido venciendo, en ocasiones humillando, a prácticamente todos los equipos desde el inicio de la temporada regular. Con la incorporación de Zaza Pachulia para cubrir el aro y aportar algo de altura al quinteto, JaVale McGee como recambio de este y David West para apuntalar el fondo de armario, los Warriors completaron una plantilla que basada en cuatro superestrellas y el sexto hombre Iguodala quiere resarcirse de la derrota de la temporada anterior.

Por buscar algunas sombras a una temporada brillante, el equipo ha vuelto a pecar de exceso de confianza en demasiadas ocasiones. Algo que, en manos de Kerr, debería tener arreglo. Además de esto, el peor momento de la temporada llegó el 28 de febrero en forma de lesión de Kevin Durant. Una lesión que obligó a alterar los planes del equipo, dispuesto a fichar a Calderón como base suplente, y fichar a Matt Barnes para reforzar una debilidad posición de alero. Cinco derrotas en un plazo de dos semanas, si contamos la sufrida el día de la lesión de Durant, hicieron saltar todas las alarmas en un equipo que pese a la lesión iba a llegar sobrado a Playoffs, pero que necesitan a su grandísima incorporación para el momento decisivo de la temporada, ese en que el baloncesto deja de ser un juego y se convierte en una competición.

El equipo ha sabido sobreponerse a la lesión manteniendo el núcleo del equipo y utilizando, además de a Barnes, al novato McCaw para repartir parte de los minutos de la posición que ocupaba Durant. La racha de más de una decena de victorias seguidas obtenidas en el tramo final de la temporada indica que el equipo llega con muchísima hambre y que esta vez no piensan dejar escapar el anillo. Si todos los jugadores que sufrieron la derrota ante los Cavaliers tienen motivación más que de sobra para darlo todo en Playoffs, Kevin Durant tiene una motivación más: Oklahoma City. No sentó nada bien su huida en busca del anillo fácil, haciendo suyo eso de “si no puedes con el enemigo únete a él”. Quizá espoleado por las críticas, en temporada regular ha destrozado a su antiguo equipo, ciñéndonos a lo deportivo y no a los desagradables encontronazos en la cancha con los que eran sus compañeros.

La incorporación de Durant ha debilitado el equipo suplente, sí, pero ha elevado aún más el nivel de un quinteto titular de leyenda. Sin él, el equipo es candidato a todo y, si tal y como parece llegará a tiempo para los Playoffs, lo es aún más. Todo lo que no sea llegar a la final será una decepción, incluso no ser campeones puede considerarse decepcionante.

Eliminatoria: Golden State Warriors vs Portland Trail Blazers

En las treintaitrés ediciones de Playoffs con el formato actual, sólo en cinco ocasiones el último clasificado de una Conferencia ha sido capaz de vencer al mejor equipo de dicho Conferencia. Teniendo en cuenta que hay dos Conferencias, lo que supone un total de sesentaiséis encuentros, la sorpresa sólo ha saltado un 7.6 % de las veces. Por si esto fuera poco, Golden State Warriors no llega al 20 % de derrotas en temporada regular mientras  que Portland Trail Blazers llega a Playoffs como el último equipo del salvaje oeste, con un balance más digno de un equipo de la a priori más débil Conferencia Este.

Si parece prácticamente inevitable que los Warriors jueguen la ronda decisiva por el anillo, muy difícil que no se hagan con él, la primera ronda debería ser sólo un trámite para un equipo que, bajo la batuta de Kerr, apenas conoce la derrota. Sin embargo, paso a paso, el mayor peligro para un equipo y quizá el mayor responsable de las pocas derrotas que han sufrido los de Oakland en estas últimas temporadas ha sido el exceso de confianza.

La temporada de los Warriors ha sido una vez más espectacular. No todas las temporadas se puede batir el récord de partidos ganados en un solo curso, pero estar por encima del 80 % de victorias es algo que muy pocos equipos han logrado a lo largo de la historia de la NBA. Además, ¡de qué manera! Pese a las dudas que se podían albergar con la adición de Durant, en forma de alteración de ese frágil equilibrio conocido como química, estas se disiparon enseguida. Las exhibiciones, una temporada más, de Golden State no se han visto alteradas. Bueno sí, con un protagonista más en muchos encuentros y especialmente en los encuentros disputados ante Oklahoma City Thunder y, posiblemente, el mejor jugador a nivel individual de la temporada: Russell Westbrook. Todo eran luces para los Warriors, pero a finales de Febrero Durant dijo adiós, una inoportuna lesión alteraba la estructura del núcleo duro de los Warriors, unos Warriors sin muchos recambios debido a la dificultad salarial de encajar tantas estrellas en un equipo. Por supuesto, las opciones de anillo con Durant en sus filas aumentan muchísimo, pero el equipo ha sabido reinventarse y no resentirse durante la temporada regular, como demuestra el balance final. Por suerte para ellos, parece que el alero llegará a tiempo incluso para la primera ronda.

La otra cara de la moneda son unos Blazers que pintaban muy bien a inicio de temporada y fueron desinflándose. Pese a contar con el siempre omnipresente Damian Lillard como primera espada y bien acompañado por C.J McCollum, esto no era suficiente para competir en la Conferencia Oeste. Los Blazers fueron cayendo poco a poco en la clasificación, de mano también de la lesión de Lillard, hasta que la gerencia consiguió un golpe de efecto al traspasar a Mason Plumlee por Jusuf Nurkiç. La adición del interior bosnio cambió radicalmente al equipo, gracias a sus grandes actuaciones, a lo que se sumó la recuperación de Lillard y los de Portland fueron capaces de dar un acelerón final para colarse en la postemporada. Paradojas del destino adelantando a Denver Nuggets, equipo del que obtuvieron al pívot de Bosnia. Por desgracia, el jugador sufrió una lesión en el tramo final de la temporada y de su recuperación depende totalmente la capacidad del equipo para poder por lo menos molestar a los Warriors.

El enfrentamiento contra el mejor equipo de la temporada regular nunca puede considerarse equilibrado. A simple vista parece que el objetivo de Portland Trail Blazers debe ser evitar ser barridos por los Warriors, quizá arañando algún encuentro en casa. Las esperanzas de Lillard y compañía pasan por recuperar a su pívot, quizá alguna actuación legendaria del base del equipo de Oregón o jugar con la ansiedad de los Warriors por finiquitar la primera ronda lo más rápido posible, en un intento por llegar lo menos cansados a una hipotética Final de la NBA.

Los Warriors no deben afrontar la serie como el trámite que parece, pues muchas de las derrotas sufridas estos años han sido por falta de actitud. Además, el rival cuenta con jugadores capaces de desequilibrar un partido por si solos. Las prisas por intentar acabar la serie lo más rápido posible pueden jugar en contra de un equipo que, pese a posiblemente poder contar con Durant, no debería exprimir a su nueva superestrella recién salido de una lesión.

Si el equipo de Oregón es capaz de herir en algún encuentro a los Warriors las series deberían ponerse interesantes. Si el primer equipo juega sin presión, con la alegría de alcanzar unos Playoffs que veía muy lejos antes del parón del All-Star, y pensando más en la temporada siguiente en la que cuenta con hasta tres picks de primera ronda del draft, el otro equipo implicado tiene la presión de recuperar un anillo perdido la temporada anterior de la peor manera posible: desperdiciando una ventaja de 3-1.

La lógica dice que la serie acabará 4-0. Como anécdota, de esas cinco ocasiones en las que el octavo clasificado eliminó al primero en Playoffs, los Warriors fueron protagonistas de una. Como octavo clasificado, eso sí, seguramente no quieran ser protagonistas esta vez.

GOLDEN STATE WARRIORS

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73-9, el récord de Golde State Warriors durante la pasada temporada regular. 89 %, el porcentaje de victorias en temporada regular. 3-4, una derrota en las Finales que escoció sobre todo después de ir ganando 3-1 y que hace que todos los números anteriores pierdan gran parte de su valor. Obviamente, hasta que llegue otro equipo y logre un mejor balance, los Warriors tendrán el honor de ser el equipo que más victorias consiguió en una temporada regular pero, ¿sirve de algo esto sin un anillo?

La temporada pasada los de Golden State fueron un auténtico rodillo, incluso sin contar con su entrenador durante gran parte del inicio de la temporada. Las buenas sensaciones no empeoraron  a lo largo de la temporada y pronto se empezó a hablar de batir el mítico récord de los, no menos míticos, Bulls de Jordan y compañía. Con un juego a un ritmo vertiginoso y un acierto de otro planeta, parecían un equipo imbatible. Surgieron algunas señales de alarma por el exceso de confianza, pero el resto del mundo se ocupó de acallar aquellas voces tachándolas de haters. El tiempo, los Playoffs, y la falta de respuestas ante Cleveland Cavaliers terminaron por convertir a estos proscritos en visionarios.

De cara a la nueva temporada los Warriors mantienen todas sus piezas más importantes. Han perdido a Barnes sí, rumbo a Dallas gracias a una suculenta oferta. Pese a haber recuperado el gran nivel que mostró en su año de novato, su pérdida era algo cantado. Golden State no podía igualar, ni económicamente ni por minutos, la oferta que hicieron a Barnes los Mavs. El pívot Andrew Bogut, pareja de baile de Green en la zona, y punta defensivo del equipo. Quizá entre Zaza Pachulia, Anderson Varejao y el siempre voluble JaVale McGee puedan suplir esta carencia.

Entre el resto de pérdidas se encuentran Leandro Barbosa, uno de los líderes de la segunda unidad, Festus Ezeli, Brando Rush y Mareese Speights. Como incorporación vía draft se unió Damian Jones, un pívot que probablemente no cuente con muchos minutos.

De entre los movimientos de este verano, el más destacado tiene nombre y apellidos propios: Kevin Durant. El gran jugador de Oklahoma City Thunder, quizá harto de no conseguir el ansiado anillo de campeón, decidió este verano firmar por uno de los mejores equipos de la liga. De esta manera, se ha unido a un roster más propio de la pachanga del All-Star que de un equipo, ha logrado ver su camiseta quemada en Oklahoma, ver resentida su relación con Westbrook y que gran parte de la afición no entienda que haya firmado por el equipo que apeó a los suyo de la lucha por el título, más aun teniendo en cuenta la progresión de los Thunder. Conseguido todo esto… ¿conseguirá también el anillo?

Kerr va a tener una labor complicada ya que, con tantos jugadores de tanta calidad, quizá lo más complicado sea hacer que las piezas encajen. Lo más probable es que Kerr vuelva a apostar por el small-ball, jugar con un quinteto pequeño, pero en esta ocasión tendrá que buscar alternativas para poder hacerse con el título. Con un equipo que a priori debería ir sobrado para llegar a Playoffs como mejor equipo de su Conferencia, quizá los 82 partidos que dura la temporada regular sea un buen momento para hacer pruebas y llegar más preparado, y menos confiado, a las Finales.

Exceptuando a Green e Iggy, jugadores de garra capaces de darlo todo en un partido y sacar lo mejor de sí mismos jugando sin balón, repartir la pelota entre Curry, Thompson y Durant, puede ser un gran problema. Quizá ese sea el mayor enigma de la temporada, ¿cómo se acoplará Durant a un equipo que funcionaba como una máquina perfectamente engrasada? Sólo los partidos podrán dar respuesta a esta pregunta, lo que desde luego está claro es que tendremos que ver una versión de Durant muy distinta a la que nos tenía acostumbrado en los Thunder. La acumulación de estrellas en un equipo siempre necesita un reparto de roles para que funcione.

Quitando esta única duda más que razonable, los Warriors son uno de los equipos que más apetece ver a cualquiera esta temporada. Si ya era un equipo de ensueño, la adición de uno de los mejores jugadores del mundo ha dinamitado la liga y hará que, maldita Conferencia Oeste, mucha gente pierda horas de sueño.

El récord de los Bulls de Jordan duró 20 años, ¿batirán su propio récord los de Golden State sólo un año después de establecerlo?, ¿se dosificarán algo más durante la temporada regular y no darán opciones en Playoffs?, ¿resultará un fracaso la acumulación de estrellas? Si bien nunca se sabe, esta última opción parece la menos viable de todas.

Teniendo en cuenta el nivel mostrado la pasada temporada y los cambios que ha sufrido la plantilla, una vez más e objetivo mínimo de los Warriors debe ser jugar la Final de la NBA. Todo lo que sea caer en una ronda previa podría considerarse un fracaso.

Golden State Warriors

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72-10, el balance de un equipo campeón: Chicago Bulls en la temporada 1995-1996. ¿Serán campeones los Warriors con 73-9?

Poco había que mejorar en un equipo campeón y Kevon Looney fue la única incorporación de los Warriors mediante el draft. Looney, un ala-pívot procedente de UCLA ha contado con una veintena de minutos en toda la temporada y es que estaba claro, antes de comenzar, que iba a tener muy difícil hacerse un hueco en un bloque tan compacto. Golden State también se hizo con los servicios de Jason Thompson, cuyo único protagonismo fueron unos cinco minutos por partido, durante 29 encuentros. Poco movimiento en la plantilla, sí, ya que el más importante se produjo con la renovación de Draymond Green. El Spartan es mucho más que un jugador importante en la alineación, es el alma del equipo y es que es un jugador que lo da todo, además con éxito, tiene fácil ganarse a compañeros, cuerpo técnico y por supuesto a la afición.

La temporada comenzó con una baja importante, la del entrenador Steve Kerr por problemas con su espalda, pero la incógnita de cómo afectaría esto al rendimiento se despejó bien pronto. Los Warriors, con el asistente Luke Walton a la cabeza, comenzaron ganando ante New Orleans Pelicans el 27 de octubre y no perdieron hasta el 12 de diciembre, contra Milwaukee Bucks. Una increíble racha de 24 victorias seguidas, nuevo récord en la NBA, y es que a esas alturas de la temporada, tan temprano, los Warriors parecían ya invencibles. Poco tiempo pasó antes de la segunda derrota, y es que repetir una racha así era una tarea demasiado complicada. Los de Oakland perdieron en Dallas dos semanas después, para seguir encadenando victorias hasta una nueva derrota en Denver a mediados de enero. Con tres partidos en cuatro días, el cansancio hico mella y los pujantes Detroit Pistons fueron los siguientes en meter mano al equipo de Walton. Quizá dolidos por dos derrotas en tres partidos, Golden State inició una racha de 11 victorias consecutivas en medio de la cual volvió Steve Kerr. Con un balance de 39-4, Walton volvió a su puesto de entrenador asistente dejando el pabellón bien alto.

Llegó febrero y el parón del All-Star, al que los Warriors se presentaron con un balance de 48-4, los ecos del récord de los Bulls de los 90 resonaban cada vez más fuerte, alejando de la mente el verdadero objetivo: ser campeones. Afectó el fin de semana de concursos y pachangas, pues los de la bahía volvieron a las canchas cayendo contra los Blazers. Siete victorias, dos prórrogas incluidas, siguieron a esa derrota antes del descalabro frente a los Lakers. Analizando fríamente la situación, obviando los récords, la derrota suponía un grano de arena en una montaña ya que con un balance de 55-6, ¿qué importaba? Sin embargo, nunca un equipo con un balance tan malo como los Lakers, había ganado a un equipo con un balance tan superlativo como el de los Warriors. Esta derrota no pasará a la historia, sin embargo si será recordada en la franquicia angelina como uno de los pocos motivos de alegría el año de la despedida de Kobe.

Una vez más, siendo la única manera de hacer ese balance increíble, la derrota fue seguida por una serie de victorias, hasta caer ante unos San Antonio Spurs con muchas cartas guardadas, de cara a una previsible final del Oeste, pero que supieron llevar el partido a su propio terreno. Un genio Popovich y unos genios los Spurs quienes, si bien ensombrecidos por los Warriors tal y como le pasó a Orlando Magic en 1995-1996 con Chicago Bulls, han cuajado una temporada increíble.

Con la plaza para Playoffs certificada antes que nadie en la historia de la NBA, Kerr podría haber aprovechado para dar desacanso a sus piezas más importantes. Sin embargo, las ganas de batir el récord que él mismo consiguió como jugador y la alargada sombra de los Spurs, no muy detrás en la clasificación, en la pugna por el factor cancha pudieron al técnico. Tras salvar una victoria en Utah en la prórroga, dos derrotas ante Boston Celtics y Minnesota Timberwolves, esta última muy inesperada, colocaron a los Warriors con 9 derrotas a falta de cuatro partidos, sin poder perder ninguno para superar el récord. En condiciones normales algo más que posible, pero dos de esos partidos les enfrentaban a los Spurs. Salvado el primero de ellos, dos enfrentamientos ante Memphis y uno ante San Antonio restaban para hacer historia. Finalmente y tras ganar todos los encuentros, el récord fue superado.

El equipo llega a Playoffs como el más fuerte de la temporada y, por lo menos estadísticamente, el mejor equipo de la historia. El equipo de la temporada anterior ha mejorado en muchos aspectos, más allá del balance final. Si Curry era el jugador fetiche de muchos hace un par de temporadas y la anterior encandiló a todo el mundo, siendo el contraparte perfecto para el amado-odiado LeBron James, en esta temporada también cuenta con detractores siendo este un claro indicador de su nuevo estatus en la liga. Un Curry, que algún día saldrá de la cancha para meter un triple y que, además del récord de Korver de anotar al menos un triple en el mayor número de encuentro consecutivos, ha pulverizado el registro de mayor número de triples anotados en una temporada, un récord que él mismo estableció la temporada pasada. Jugando de memoria, con un quinteto establecido y buenas piezas de recambio, pocos rivales pueden amenazar a Golden State.

Por ponerles un pero, ya que hay que ponerles un pero, es tanta su superioridad que en más de una ocasión han cometido errores propios del exceso de confianza y de la falta de concentración. Además, han abusado del tiro más allá de la línea de tres, incluso mucho más allá. Esto en los Playoffs, donde los errores se pagan más caros que en temporada regular, puede ser mortal. Podríamos decir eso de: torres más altas han caído, pero es que no ha habido torres más altas.

Tras una temporada histórica, los de Golden State son los candidatos principales a un título que ya consiguieron la temporada anterior. Pese al aumento de competitividad del Este, y la buena temporada de Cleveland Cavaliers, se antoja mucho más difícil llegar a la Final que ganarla. El principal escollo está en la misma Conferencia y es que San Antonio Spurs es un rival muy peligroso. No ganar el título sería una decepción, no llegar a la Final un fracaso, no llegar a la Final de la Conferencia Oeste sería una debacle.